ENTREVISTA A JORGE MONTEZA

 

JORGE MONTEZA: «CON EL TIEMPO ENTENDÍ QUE NO BASTA CON PUBLICAR UN LIBRO PARA CONSIDERARSE ESCRITOR. UNO SE CONVIERTE EN ESCRITOR CUANDO ENCUENTRA SU PROPIA VOZ»
 

Jorge Monteza* es uno de los narradores más importantes del sur del país aparecido en los últimos años. Ganador del 9° Premio de Novela Breve Cámara Peruana del Libro y autor de un libro de cuentos, ha dedicado gran parte de su tiempo a la difusión de la literatura mediante talleres de escritura, la dirección de revistas literarias y la investigación académica. En esta oportunidad, El Hacedor conversó con él para conocer más sobre sus proyectos literarios, así como sus reflexiones sobre la labor creativa.

 

Sebastián: ¿Cómo fue su formación literaria? ¿Y en qué momento decidió estudiar Literatura e interesarse por la investigación?

Jorge: Mi acercamiento a la literatura es muy distinto a mi decisión de publicar, porque entre una cosa y la otra pasaron muchos años. Me di cuenta de que la literatura iba a ser parte esencial de mi vida cuando estaba en secundaria. Desde niño, siempre fui un lector constante, aunque no era del todo consciente de ello. Con el tiempo noté que la mayoría de mis compañeros no leían con la misma frecuencia que yo. Fue en cuarto de secundaria, cuando ya debía pensar en qué carrera seguir, que comprendí que la literatura sería decisiva para mí. En casa, como ocurre a menudo, me sugerían estudiar Derecho, porque leer y escribir se asociaba con eso. Pero internamente sabía que ese no era mi camino. Fue por casualidad que me enteré de que en la UNSA existía la carrera de Literatura. Me imaginaba ese espacio como un lugar donde podría seguir leyendo y donde, además, me enseñaran a escribir. Tomé entonces la decisión de postular en secreto, ya que mi familia no estaba de acuerdo. Y cuando ingresé, mis familiares solo lo aceptaron porque pensaban que en algún momento iba a desistir, pero nunca lo hice. Estudiar en la Escuela de Literatura fue una experiencia muy gratificante, fue ahí donde fortalecí mi hábito como lector y descubrí a muchos autores que me marcaron. Además, en esos años ya escribía relatos breves y los publicaba en algunas revistas. Con el tiempo fui acumulando cuentos, aunque diría que mis inicios como escritor fueron trabajosos, porque aprendí a descartar muchos textos que no me convencían. Aún hoy me considero más lector que escritor, y creo que eso me ha ayudado a ser autocrítico y exigente con lo que escribo. Luego de terminar la carrera, pasaron unos cinco años hasta que sentí que tenía un libro listo. Al principio me dio temor publicarlo, pero finalmente decidí dar ese paso.

En cuanto a la investigación, debo decir que fue la propia Escuela de Literatura la que me ayudó a desarrollar ese interés. Al comienzo no me atraía la teoría literaria, no la veía como algo que pudiera apasionarme. Pero al dedicarme a la docencia universitaria, empecé a disfrutar el trabajo investigativo. Hoy en día sigo investigando y actualmente estoy trabajando en mi tesis de doctorado.

Sebastián: ¿Cómo fue el proceso al momento de publicar sus libros, tanto de narrativa como de investigación?

Jorge: En general, publicar literatura en el Perú implica asumir que te diriges a un público reducido, porque no vivimos en una sociedad con un alto índice de lectura. Sin embargo, debo decir que, en comparación con los libros académicos, la narrativa tiene un mayor alcance. Me sorprendió ver la recepción que tuvo mi primer libro, Sombras en el agua (2011): hasta hoy hay jóvenes y amigos que me escriben o me comentan sobre él. En cambio, con un artículo académico, difícilmente ocurre algo similar. No suele generar conversación fuera del ámbito especializado, y, además, publicarlo resulta más complicado, porque no vale la pena hacerlo de forma independiente. Para que tenga valor, debe aparecer en una revista indexada o publicarse con el respaldo de una universidad, lo cual requiere financiamiento y filtros más exigentes. En mi experiencia, ha sido más complejo publicar un libro de investigación que escribirlo. Por otro lado, la narrativa representa otro tipo de dificultad, ya que escribir literatura para mí es un proceso exigente, porque tengo mayores ambiciones en ese terreno. Aunque no me considero un gran investigador y reconozco mis propias limitaciones en ese campo, la escritura literaria me obliga a trabajar con más rigurosidad y entrega. Es ahí donde pongo todo mi esfuerzo y mi seriedad.

Sebastián: A lo largo de su experiencia como escritor, investigador y comentarista, ¿cómo siente que ha cambiado su percepción sobre la literatura? ¿Qué aspectos del oficio del literato mira distinto con respecto a la experiencia que ha adquirido?

Jorge: El oficio de escribir literatura es un trabajo profundamente solitario. Sin embargo, tiene un lado sanador, donde uno lidia con sus propios fantasmas mientras escribe. Luego viene una segunda etapa, cuando la obra ya está terminada, y ahí sí aparece la figura del editor. Se suele decir que un buen editor puede transformar un texto, pero yo creo que eso es más bien una leyenda. Puede haber casos excepcionales en los que el editor colabore mucho, pero no creo que pueda reemplazar al escritor. Más bien, sucede al revés, donde hay escritores que han elevado y fortalecido el trabajo de muchos editores, pero esa es una etapa posterior al proceso creativo.

En lo personal, mi percepción del oficio no ha cambiado mucho. Siempre ha sido un trabajo intermitente para mí. He procurado, siempre que puedo, encontrar más tiempo para escribir, y confieso que muchas veces he soñado con tener un periodo exclusivamente dedicado a la escritura. Pero en nuestro medio eso es casi un privilegio reservado a unos pocos, a menos que seas un aristócrata. Por eso, escribo principalmente los fines de semana, y algunos días entre semana cuando logro hacerme un espacio. En algún momento dije, con cierta ironía y algo de nostalgia, que soy un «escritor de fines de semana». No escribo a tiempo completo, pero trato de cuidar y mejorar esos momentos que tengo para hacerlo. También concibo este oficio como algo secreto. Me he acostumbrado a escribir en silencio, a veces robándole tiempo al trabajo o incluso a la familia. No tengo un horario fijo para escribir. Cocino mi narrativa en silencio, a fuego lento, como algo que me pertenece profundamente. Y creo que así ha sido siempre para mí.

Sebastián: ¿Cuáles son sus referentes literarios?

Jorge: Todo se remonta a esa etapa crucial en la que uno se descubre como lector, cuando la literatura te captura por completo. En mi caso, eso ocurrió en la adolescencia. Uno de los libros que cambió radicalmente mi forma de ver el mundo y que me impulsó a intentar escribir fue La casa de cartón (1928), de Martín Adán. Me pareció simplemente maravilloso: esa manera de decir las cosas con un lenguaje a la vez prosaico y poético me dejó deslumbrado. Fue una revelación. Ese libro me incentivó profundamente a escribir. Más adelante, La palabra del mudo de Ribeyro también me marcó. Y antes de ingresar a la universidad, había leído ya a Borges, quien me impactó de una manera tan fuerte que, paradójicamente, afectó mi propia producción literaria. Digo «paradójicamente» porque su influencia fue tan grande que terminé imitándolo sin darme cuenta. Es algo similar a lo que les sucede a muchos jóvenes poetas cuando leen a Vallejo, quedan fascinados y comienzan a escribir tratando de replicar su estilo. A mí me pasó eso con Borges.

Con el tiempo entendí que no basta con publicar un libro para considerarse escritor. Uno se convierte en escritor cuando encuentra su propia voz. Y me di cuenta de que la mía estaba siendo opacada por la de Borges, así que tuve que hacer un trabajo consciente de depuración, de quitarme ese tono que no era auténticamente mío. Otro autor que ha sido muy importante para mí es Italo Calvino. Encuentro que tiene una afinidad con Borges, sobre todo en ese juego entre la inteligencia y la imaginación. El barón rampante (1957) me encantó, y Las ciudades invisibles (1972) me impresionó tanto que decidí incluirlo en mi tesis, como una especie de pretexto para leerlo con mayor detenimiento y profundidad. Como lector, ese es el tipo de literatura que más me atrae, los cuales son textos con una dimensión metafísica, lúdica e inteligente. Sé que no voy a escribir como ellos, pero tengo una inclinación natural hacia ese universo literario.

Sebastián: Por supuesto. Con el tiempo uno adquiere la capacidad de encontrar su propia voz. Está bien imitar al inicio, es parte del proceso formativo, pero lo importante es lograr independizarse.

Jorge: Exacto. De hecho, Horacio Quiroga, en su famoso Decálogo del perfecto cuentista, dice algo muy revelador: que uno debe encontrar dioses literarios a quienes adorar, amar y seguir durante el camino de formación. Es parte esencial de crecer como escritor.

Sebastián: Sí, totalmente. Hablando con otros autores, uno nota cómo han sido influenciados no solo por libros, sino también por otras formas de arte. Recuerdo, por ejemplo, cómo a García Márquez le decían que Cien años de soledad tenía un ritmo similar al de los vallenatos. También el cine ha tenido un gran impacto sobre la literatura contemporánea. ¿Tiene otros referentes artísticos, ya sea cinematográficos, pictóricos o musicales?

Jorge: Me parece una excelente pregunta. Durante el tiempo que considero como mi etapa de formación, escribía sin una pretensión clara, pero sí con un deseo profundo de narrar. Como ejercicio literario, comencé a experimentar con la idea de transformar ciertas películas en cuentos. Recuerdo especialmente una película que me impresionó muchísimo: El marido de la peluquera (1990), una producción francesa, donde un niño le dice a su padre que cuando sea grande no quiere ser médico ni ingeniero, sino simplemente el marido de la peluquera, una mujer encantadora que lo había fascinado. Esa historia me atrapó tanto que decidí convertirla en un cuento. Ahí descubrí que el tiempo narrativo en el cine no se traduce directamente al de un cuento, y que el lenguaje cinematográfico es muy distinto al literario. Esa diferencia me obligó a replantear la estructura y el ritmo del relato. Fue un ejercicio muy valioso, y años después, cuando empecé a dirigir talleres de narrativa, lo compartí con mis alumnos para mostrar cómo se puede trasladar una historia de un lenguaje a otro.

En cuanto a la música, hay momentos en los que me gusta escribir mientras escucho ciertas piezas. Solo una vez sentí realmente que la música influía directamente en lo que escribía, esto sucedió cuando estaba escuchando a Astor Piazzolla. Su música me llevó a escribir un cuento de suspenso, con la intención de reflejar el ritmo dramático que sentía en sus composiciones. De ahí nació El sol, un relato sobre un asesinato inminente. Fue un intento consciente de crear un ritmo narrativo que dialogará con el musical.

Sebastián: ¿Tiene alguna obra literaria en curso que pueda convertirse en un libro? ¿O algún proyecto en marcha?

Jorge: Sí. Soy un escritor que ha hecho de la literatura una prioridad en su vida, especialmente en el plano laboral. Sin embargo, esa prioridad, en cierto modo, tiene que estar camuflada, porque no siempre puedo decir abiertamente que escribo, pero siempre estoy trabajando en algo, aunque sea en silencio. Actualmente tengo una novela avanzada, ambientada en la calle Mercaderes. El personaje principal es alguien que trabaja disfrazado de pollo, y esa figura peculiar me ha permitido explorar una serie de temas que me interesan. Sin embargo, el proyecto más cercano a convertirse en libro es uno de cuentos. Todos los relatos tienen algo en común y es que sus protagonistas son personajes femeninos. Si me preguntas por qué, no sabría darte una respuesta inmediata. En realidad, cuando me di cuenta, ya tenía escritos cuatro o cinco cuentos con personajes femeninos. Fue entonces cuando decidí escribir los restantes siguiendo esa misma línea, para darles unidad y coherencia dentro del libro. Me faltan dos cuentos por terminar, y con eso estaría completo.

Creo que los escritores solemos escribir sobre aquello que no terminamos de comprender del todo. En mi caso, tal vez escribir sobre personajes femeninos sea una forma de acercarme a eso que me resulta complejo e incluso fascinante.

Sebastián: ¿Y qué obras ha consultado o releído como referencia para este proyecto literario?

Jorge: Más que consultarlas de manera directa, diría que las he rememorado. Algunas autoras que me han influenciado profundamente son Virginia Woolf y Katherine Mansfield. También Madame Bovary (1856) ha sido una referencia importante. No solo por el personaje en sí, sino por la forma en que está construida su sensibilidad. Además, he vuelto a leer algunas páginas de Rayuela (1963), en particular los monólogos de la Maga, que me siguen pareciendo espléndidos. Hay una profundidad emocional y una ambigüedad en su voz que me resulta muy inspiradora.

Sebastián: ¿Cuál es su percepción sobre la narrativa peruana contemporánea? ¿Considera que hay alguna personalidad literaria que merezca un mayor reconocimiento o consolidación?

Jorge: En el panorama literario actual hay muchas propuestas valiosas. Es cierto que hoy se publica más que antes, pero también eso implica un reto, porque es casi imposible leerlo todo. Y, siendo honesto, no todo lo que se publica vale la pena. Aun así, dentro de ese gran volumen editorial, sí existen voces consolidadas. Uno de los nombres que considero fundamentales es el de José Carlos Agüero. Me parece un autor muy valioso, no solo por la temática que aborda, sino por la forma en que lo hace. Su tratamiento de la violencia política, por ejemplo, es profundo y necesario, pero además su escritura tiene recursos formales muy novedosos. Diría que es una de las voces más sólidas y propositivas en la actualidad, tanto en prosa como en poesía.

También hay autores menos conocidos que merecen una mayor difusión. En Arequipa, por ejemplo, está Zoila Salvatierra, una excelente novelista. No he leído su última novela, que tengo entendido trata sobre la música, pero me interesa mucho leerla. Otro nombre es el de Yuri Vázquez, aunque en círculos literarios pequeños es considerado un gran escritor, pero no siempre se le reconoce como se debería, creo que a nivel nacional su obra merece una labor más firme de difusión. Del mismo modo, en el contexto nacional, creo que hay escritores silenciosos, con una obra potencial, que se deberían difundir sus obras.

Sebastián: ¿Cómo es su proceso al momento de escribir?

Jorge: Mi proceso es bastante irregular, aunque constante. Escribo de manera intermitente, pero frecuente. Siempre estoy generando ideas, aun cuando no me siento inmediatamente a escribirlas. El problema es el tiempo, no siempre es fácil encontrar espacios para dedicarse exclusivamente a escribir. Mis ideas suelen surgir en los momentos más cotidianos: camino al trabajo, viendo televisión, durante una comida o en medio de una conversación. Creo que eso nos pasa a muchos escritores, donde podemos estar haciendo cualquier cosa, pero de pronto algo nos detiene, nos distrae y nos provoca una historia.

Recuerdo que, en mi juventud, incluso mientras besaba a mi novia, pensaba en cómo podría narrarse ese instante. El escritor tiende a observar lo inusual dentro de lo cotidiano, y siempre se está haciendo la misma pregunta: ¿cómo podría contarse esto? Eso me ocurre con frecuencia. Sin embargo, a veces olvido las ideas, pero trato de anotarlas de inmediato. Antes, era común llevar una libreta o incluso escribir en una servilleta, algo que muchos consideran un cliché, pero a mí sí me ha pasado. Hoy en día uso más el celular y las notas digitales.

Sebastián: Como tallerista de cuento, escritor e investigador, ¿qué consejo le daría a quienes están interesados en la literatura?

Jorge: Si uno realmente quiere escribir, tiene que persistir. La escritura es un oficio arduo, muchas veces frustrante. Recuerdo una frase de Julio Cortázar que responde muy bien a esta pregunta, dijo que lo primero que haría sería romperle una silla en la cabeza. Y si, a pesar de eso, aún insiste en escribir, incluso bajo la amenaza de recibir otra silla en la cabeza, entonces es una buena señal para seguir adelante. Puede parecer exagerado, pero lo cierto es que hace falta tener ese espíritu, esa terquedad, esa vocación a prueba de golpes. También creo que es importante no escribir para alimentar el ego o la vanidad, algo que lamentablemente está bastante presente hoy en día. Mi recomendación es escribir con el deseo de comprender algo que no se puede explicar del todo con las herramientas comunes. Cuando la lógica o las explicaciones humanas no alcanzan, ahí aparece la literatura para abrir los ojos. Esa ha sido siempre mi mayor pretensión con la escritura.

Sebastián: ¿Qué relaciones encuentra entre la literatura y las artes plásticas?

Jorge: Las relaciones pueden ser muchas, pero en mi caso llegaron casi por accidente. Yo ya estaba trabajando como docente universitario, y debido a la normativa vigente, necesitaba una maestría para continuar. En ese momento no había una maestría en literatura disponible en la UNSA, así que opté por la primera que apareció, la cual era Artes Plásticas. Al principio fue una elección práctica, pero con el tiempo descubrí que podía establecer puentes entre ambas disciplinas. Ahí surgió mi interés por José María Arguedas, a quien considero uno de mis grandes maestros. Me interesa mucho su visión del Perú, especialmente de la realidad andina. Además de su obra narrativa, hizo una importante labor antropológica: recopiló mitos, leyendas y huaynos que él mismo interpretaba en guitarra. En su literatura, la música andina está muy presente, como un lenguaje más dentro del texto. Investigando sobre Arguedas, llegué a Fernando de Szyszlo, su amigo y pintor, quien en un inicio estaba completamente influenciado por las vanguardias europeas. Sin embargo, no logra consolidarse como pintor en esa etapa. Es gracias a su relación con Arguedas que encuentra un camino para convertirse en un verdadero pintor peruano, con una identidad propia. Esta relación me pareció fascinante. Fue entonces que decidí centrar mi investigación en ellos dos. Ese cruce entre literatura, música y pintura me llevó a escribir mi tesis de maestría y plantearme un futuro libro que explore justamente ese diálogo entre las artes.

Sebastián: De acuerdo con su participación en revistas literarias, ¿qué nos podría comentar sobre las publicaciones literarias en Arequipa?

Jorge: Cuando estudiaba Literatura, considero que viví un buen momento para las revistas literarias, debido a que hubo un pequeño boom. En la universidad, muchos grupos de amigos se reunían a conversar sobre libros, organizaban círculos de lectura, y poco a poco, esas conversaciones derivaron en el deseo de publicar. Así nacieron muchas revistas y plaquetas. Fue una época muy productiva, con bastante movimiento editorial independiente. Participé en varias revistas publicando relatos breves, y en algún momento surgió la idea, con algunos amigos, de sacar nuestra propia revista. Fue una aventura entusiasta, pero, a la vez, bastante difícil. Había mucho ánimo inicial, pero al momento de ejecutar el proyecto, ese entusiasmo comenzaba a diluirse. Creo que una de mis virtudes es la constancia, así que cuando sentí que el apoyo disminuía, decidí continuar solo. Así nació Cártel, cuya primera edición saqué por mi cuenta. La revista llegó a tener cuatro números, y guardo con cariño esa etapa, porque no había muchas publicaciones activas en ese momento.

Con el tiempo, ese tipo de tertulia y producción entre estudiantes fue desapareciendo, y muchas revistas dejaron de publicarse. Sin embargo, últimamente he notado que están surgiendo nuevas publicaciones, lo cual me parece muy positivo. Lo importante es que haya producción, pero también sería deseable que existan críticos que ayuden a filtrar, orientar, y elevar el nivel de lo que se publica.

Sebastián: ¿Qué otro hallazgo ha realizado en su trabajo como investigador literario y en su tesis de doctorado?

Jorge: Tengo un proyecto que, por ahora, está en pausa, pero al que siempre pienso volver, se trata de un estudio sobre la narrativa de la violencia política en el Perú. En él abordo a tres autores que ofrecen miradas distintas sobre ese período complejo de nuestra historia. El proyecto está fuertemente inspirado por un libro que considero clave el cual se titula Sobre héroes y víctimas (2020) de Juan Carlos Ubilluz, uno de los críticos peruanos más relevantes del momento. Su enfoque teórico para analizar obras sobre la violencia política me pareció muy sugerente, y su forma de articular literatura, memoria y discurso me motivó a emprender mi propia investigación. Creo que, en términos teóricos, solo Carlos García Bedoya podría estar a su nivel actualmente.

Los tres autores que he considerado en el proyecto son Dante Castro, Daniel Alarcón y, por el momento, Julián Pérez Huarancca, aunque este último podría cambiar. Son escritores que, a pesar de tener obras importantes, no han sido suficientemente estudiados, y creo que su tratamiento de la violencia política ofrece matices valiosos para la crítica literaria contemporánea.

Sebastián: ¿Qué está leyendo actualmente?

Jorge: En este momento, como estoy trabajando con más profundidad en el ámbito universitario, estoy leyendo principalmente teoría literaria. He redescubierto a Terry Eagleton, a quien ya había leído antes, pero ahora lo estoy estudiando con más detenimiento. Me interesa especialmente porque la teoría, en el fondo, propone siempre una visión ideológica del mundo, y en ese sentido me identifico con la perspectiva que él plantea. Diría que es el teórico que más me gustaría seguir en esta etapa.

En cuanto a literatura, estoy leyendo de forma intermitente a algunos autores que tenía pendientes. Uno de ellos es Mo Yan, a quien estoy disfrutando mucho. También he vuelto a leer cuentos de Andrés Neuman, que me parece un cuentista excelente, aunque no podría decir lo mismo de sus novelas. Y, ocasionalmente, releo a Milán Kundera, un autor que siempre me ha acompañado en distintos momentos.

Sebastián: ¿Le gustaría compartir algún comentario final sobre esta entrevista?

Jorge: Me ha gustado mucho el título del programa. Retomar una expresión de Borges me parece muy acertado, sobre todo en el contexto de un espacio que busca promover la literatura. El título no solo homenajea, sino que también transmite la idea de que algo se está construyendo, que estamos «haciendo literatura» en el sentido más vital del término.

Y, por otro lado, siempre me ha gustado conversar contigo. Esta entrevista ha sido muy grata, y ojalá que el proyecto continúe creciendo y encontrando nuevos caminos. La literatura necesita estos espacios.

 

*Jorge Monteza (Arequipa, 1977) es Magíster en Artes por la Universidad Nacional de San Agustín y Licenciado en Literatura y Lingüística por la misma universidad. Obtuvo su primer reconocimiento literario en los Juegos Florales Universitarios (2000). Dirigió, por la misma época, la esporádica revista Cártel. Ha publicado cuentos y ensayos en revistas locales y nacionales. En el 2008 obtuvo una Mención Honrosa en el Concurso Literario El Búho; en el 2009, premio al primer lugar, género cuento, en el concurso nacional «Víctor Humareda»; el 2010, el primer lugar en el Concurso Literario El Búho. Ha publicado el libro de cuentos Sombras en el agua (2011) y la novela El viaje de las nubes (Premio Nacional de Novela de la Cámara Peruana del Libro, 2017). Actualmente se dedica a la docencia universitaria.

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