JUAN CARLOS NALVARTE LOZADA: EL CANTAR DE CUCUMERICO

 

JUAN CARLOS NALVARTE LOZADA: El cantar de Cucumerico

Región: Arequipa

Año de publicación: 2025

Valoración: Lectura necesaria (4/5)

Editorial: El Pasto Verde Records

De acuerdo al Diccionario de términos literarios (Estebáñez Calderón, 2016) parodia es «la imitación irónica o burlesca de personajes (deformación caricaturesca de un rasgo físico o moral), de conductas sociales (farsa satírica y desmitificadora) o de textos literarios preexistentes con el objetivo de conseguir un efecto cómico». Esta forma literaria se remite a la tradición grecolatina, teniendo como primeros ejemplos a la comedia Las ranas (405 a.C) de Aristófanes, en donde se parodia las obras trágicas de Esquilo y Eurípides; o también a la Batracomiomaquia (Batalla de los ratones y las ranas) obra épica cómica que toma la Ilíada para parodiarla. Si realizamos un repaso historiográfico, es posible también mencionar los Sermones cómicos y El libro del Buen Amor (1330) del Arcipreste de Hita en la Edad Media, Gargantúa y Pantagruel (1534) de Rabelais en el Renacimiento, y La Gatomaquia (1634) de Lope de Vega en el Siglo de Oro. Juan Carlos Nalvarte Lozada (Arequipa, 1991) es conocedor y, suponemos, ferviente admirador de esta larguísima tradición literaria porque nos lo hace saber en su más reciente publicación: El cantar de Cucumerico (El Pasto Verde, 2025).

Juan Carlos Nalvarte Lozada pertenece a la generación de narradores regionales jóvenes que empezó a publicar en la segunda década del siglo XXI, junto con otros autores como Gustavo Pino, Giovanni Barletti, Álex Rivera de los Ríos o Renato Amat y León. Sin embargo, a diferencia de sus contemporáneos, Nalvarte destacaría por la propuesta y el contenido de sus libros. Alejado del realismo urbano, las historias de formación o la profundización psicológica o existencial, sus conjuntos de cuentos o novelas cortas se presentarían rebosantes de humor, parodia, absurdo, histrionismo y un juego inteligente con lo que Gerard Genette (1989) llama los paratextos —presentación editorial, nombre del autor, títulos, epígrafes, dedicatorias, prefacios, notas, etc.—, por lo que podemos aseverar que desde sus inicios su literatura fue atípica e innovadora.

El cantar de Cucumerico contiene lo mejor de su estilo. La parodia exige la preexistencia de un texto, es decir, establece una relación innegable con la intertextualidad; en esta ocasión, el autor se sirve de los clásicos cantares de gesta aparecidos en la Edad Media (piénsese en El cantar de Roldán, El cantar de los Nibelungos o El cantar del Mío Cid) para plantear su universo ficcional. A primera vista, si el lector no conoce el estilo de Nalvarte, el libro parece, formalmente, un serio y exhaustivo trabajo de investigación sobre el rescate literario de un canto épico encontrado en un Códex aparecido en la ciudad de Arequipa, pero es solo cuestión de tiempo y de páginas para caer en cuenta de las verdaderas intenciones de su autor y de la farsa que ha montado detrás de este divertidísimo artificio literario compuesto por una introducción académica, un poema épico con notas a pie de página y una serie de hilarantes anexos finales.

El poema se divide en dos partes y nos relata la historia de Cucumerico, un caballero «de cara fiera y espada grande» (p. 35) que presta servicios al rey de los bogardos, Ludobaldo, el Dubitativo. Entre las múltiples empresas a las que es enviado Cucumerico a lo largo del libro se encuentran la de forjar una alianza con los sajones y su rey Burunbaldo, enfrentarse a los daneses y a los cumanos, encontrarse con los bizantinos, y luchar contra los sarracenos y el gran rey de los moros. En cierto momento del poema se nos relata la traición que sufre Cucumerico por parte de Bertrand des Miles Melons, otro caballero bogardo, por lo que nuestro héroe es condenado a muerte. Posteriormente, cuando llegan los moros y el rey Ludobaldo es atrapado, Cucumerico sale de su escondite y lo salva. La primera parte termina con un supuesto duelo entre Cucumerico y su traidor Bertrand des Miles Melons que culmina con el rey Ludobaldo premiando a nuestro héroe. En la segunda parte se nos muestra las aventuras de Cucumerico cuatro años después. En esta ocasión, después de encontrarse en un estado de reposo, decide ir hasta Catay, China, para rescatar a una dama. Después de múltiples aventuras, regresa a Bogardia.

El libro destaca enormemente por la intención de su autor de no solo restringirse a parodiar un texto medieval, sino por también enriquecer y expandir la experiencia de lectura con una introducción académica, una larga lista de referencias bibliográficas, notas y anexos. Todas ellas de corte absurdo y exagerado en muchas partes; por ejemplo, cuando se menciona el hallazgo del Códex:

Se conocen otras teorías aunque no cuenten con ningún asidero fáctico: a) el Códex se mantuvo en el acervo de la familia Perejón de Piedra Blanca desde su compra a las monjas del Monasterio de Santa Catalina a inicios del siglo XIX, hasta que tuvo que ser vendido por Germán Perejón para poder adquirir sustancias ilícitas a inicios de los dos mil; b) el Códex fue vendido por las propias monjas de Santa Catalina a inicios de los dos mil para poder adquirir sustancias ilícitas; c) el Códex fue encontrado por un par de adolescentes lujuriosos, que hacían una visita nocturna al Monasterio de Santa Catalina, a inicios del 2009 (p. 14).

En esta primera sección es rescatable el orden y el exhaustivo estudio que se realiza al canto, desde elementos extratextuales como su descubrimiento, contexto histórico y estudios previos, hasta aspectos intratextuales como el idioma original, el estilo del autor y los recursos retóricos utilizados, los cuales también son exagerados y absurdos: «La rima es bastante singular, ya que a veces se encuentra, a veces no; a veces es consonante, a veces, asonante, y, las más de las veces, disonante» (p. 21).

Aquí también es muy significativa la crítica solapada que el autor introduce sobre el mecanismo académico actual que se lleva a cabo en las universidades o el aparato teórico cultural o literario dedicado a censurar o aplicar criterios ideológicos a obras y autores actuales, dejando de lado los aspectos netamente estéticos.

BELAN, C. (2010). El misterioso Códex Arequipensis. Revista de investigación latinoamericana de investigadores latinoamericanos no predatoria, 1(1). 1-25.

GUTIÉRREZ, J. (2020a). Third Encounter with the Same Poem: Memory, Boredom and Hypercontext. Revista de Estudios Redundantes, 3(2), 55-72.

En cuanto al cantar, son muchos los aspectos destacables que ubicamos en este. El uso de versos octosílabos y la rima asonante en los pares nos remite a la tradición española y la estructura rítmica del romance. La escritura de Nalvarte, tanto en este libro como en anteriores, se caracteriza por la sobriedad y el ritmo, por lo que es muy agradable de leer. Pero lo que en definitiva complementa muy bien la lectura son las notas a pie de página, divertidísimas e inteligentemente seleccionadas para provocar en el lector más de una carcajada, como cuando se desarrolla una batalla entre Cucumerico y su traidor Bertrand Des Milles Melons:

Uno le jala el cabello/y la cabeza le deja calva,/el otro le grita y le insulta/y herida le deja el alma,/uno se queja de picazón,/el otro le rasca la espalda,46,/uno le da en la cabeza,/el otro le despoja las entrañas (p. 67).

46En las antiguas leyes de caballería estaba prescrito que un caballero estaba obligado a prestar ayuda a quien se encontrase en extrema necesidad. No hay ocasión que necesite más ayuda que la comezón en un punto inalcanzable de la espalda. Por ello, se entiende que la pelea se detenga un momento para salvar esa situación.

De igual manera, el personaje de Cucumerico, si bien posee muchos de los tópicos medievales (heroísmo, honor, fidelidad, bondad) y sus acciones son fundamentales para salvar a su rey y su pueblo, presenta contrariedades y es errático en algunas acciones.

Por eso al nuestro héroe/seis mil vírgenes ofreciolo/para que de ellas solo él goce./Pero Cucumerico no puede,/su corazón en otro corazón pone./Clotilde de la Doble Anunciación,/dama de inigualable porte,/es dueña de su voluntad/y de su alma dispone./Por eso el gran héroe acepta/solo dos mil para su roce (p. 42).

A eso hay que sumar los anexos finales y las dislocaciones temporales en algunos versos que rompen con la linealidad cronológica del poema. Estos anacronismos (como mencionar recitales poéticos, reuniones de trabajo, ofertas telefónicas, correr maratones o ver el horóscopo) funcionan para subvertir o ridiculizar un modelo de vida contemporáneo con el que Juan Carlos es crítico o, en cierta medida, escéptico.

No obstante, hay algunas apreciaciones críticas que podemos hacerle al texto. Terminada la lectura se despierta una sensación de que el libro pudo haber sido más extenso, para así aprovechar todos los tópicos y escenarios que una obra de este estilo propone; es decir, pudieron explorarse más cosas (pienso en el amor y la relación entre Cucumerico y Clotilde, o en la infancia y adolescencia de Cucumerico). De igual manera, el libro plantea que muchos cantos han desaparecido y que por lo tanto está incompleto. Este artificio es ingenioso y se usa bien cuando, por ejemplo, se dispone a poetizar los alimentos de un banquete y en vez de eso se indica que esos versos se extraviaron; sin embargo, en otros lugares del libro no se usa de manera natural y terminan interrumpiendo la historia o la acción. Asimismo, en la introducción se mencionan características formales como el «verso frustante», las «anáforas intensivas» o la «hiperhipérbole hiperbólica», pero no se nos muestra ninguna ejemplificación de ellas, lo cual, tal vez, habría sido interesante de ejecutar.

Desternillante, divertidísima, erudita y muy crítica, la lectura de El cantar de Cucumerico es una carta de invitación a descubrir una literatura infrecuente pero totalmente necesaria en nuestro medio literario; así como también una excelente ventana que nos conduce a contemplar toda una tradición literaria que nos pertenece y que debemos aprender a incluirla en nuestras lecturas diarias. 

Hacedor: Anthony Valdivia Valencia


BIBLIOGRAFÍA

Estébanez Calderón, D. (2016). Diccionario de términos literarios (3.ª ed.). Alianza Editorial

Genette, G. (1989). Palimpsestos: La literatura en segundo grado. Taurus.



 

 

 

 

 

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