ENTREVISTA A ROSARIO CARDEÑA

ROSARIO CARDEÑA: «A VECES DICEN QUE DEDICARSE A SER ESCRITOR O DEDICARSE A SER ARTISTA NO TIENE FUTURO. PERO YO NO PIENSO QUE SEA ASÍ. YO CREO QUE SÍ TIENE FUTURO, PERO UN FUTURO QUE ESTÁ BASADO EN LA DISCIPLINA Y EN EL TRABAJO»

Rosario Cardeña* es una de las escritoras más talentosas y premiadas aparecidas en el último siglo. Ganadora del Premio Cámara Peruana del Libro de Novela Breve en 2010 y de la II edición del Premio de Novela Altazor en el año 2014, así como finalista del Premio Copé de Novela con El canto de los pájaros, se ha dedicado últimamente a la literatura infantil con obras como El rey que no quería ver o Mayumi y la sirena robada. En esta oportunidad, conversó con El Hacedor sobre algunos aspectos de su formación e intereses literarios.

Anthony: En el año 2023 quedó semifinalista en el Premio Infantil de Novela Altazor con Mayumi y la sirena robada, pero ya antes había publicado La calle de los objetos perdidos y El rey que no quería ver, ¿qué aprendizajes, dificultades o retos tuviste al momento de acercarte a la escritura de una obra de literatura infantil?

Rosario: Cuando era joven nunca me hubiera imaginado escribiendo literatura infantil, pero cuando nació mi primer hijo, el año 2005, fue toda una revelación para mí. Una vida que jamás hubiera imaginado, tomé consciencia sobre lo que era el amor, la felicidad al darlo todo por alguien. Mi hijo era un niño algo peculiar, pasamos tantas situaciones que empecé a hacer cuentos para él, cuentos donde él era el protagonista y se los leía antes de dormir. Después nació mi segundo hijo y también lo incorporé a esa dinámica.  Mi esposo falleció cuando mis hijos tenían cinco y dos años, estaba sola así que tuve que apoyarlos más, darles más sostén. Les inventaba cuentos de sus juguetes favoritos, de experiencias que vivíamos o cosas que les gustaban y por consecuencia empecé a escribir historias más largas. De una de esas experiencias surgió la idea para La calle de los objetos perdidos que fue premiada con los Estímulos Económicos del Ministerio de Cultura. Este libro parte de una situación que vivió mi hijo mayor, sazonada con mucha fantasía. Mi acercamiento a la literatura infantil se dio de forma natural como consecuencia directa de la existencia de mis hijos.

Sebastián: ¿Siente que el género novelístico es donde se siente más cómoda? ¿O en todos los géneros (cuento, poesía) encuentra la misma facilidad para escribir?

Rosario: Para mí más fácil es la novela, definitivamente. Ahí es donde me siento comodísima, aunque por lo mucho puedo llegar a doscientas páginas, en la novela encuentro el espacio suficiente para poder expresar todo lo que quiero. El cuento es demasiado pequeño, se me hace difícil condensar las ideas en un espacio tan limitado. He hecho poesía cuando era muy joven, escribía bastantes poemas, no eran buenos, los fui desechando poco a poco, me daba roche releerlos. Pero bueno, para mí el mejor formato es la novela, sí. Las novelas que he publicado han sido sobre todo por los premios.  Altazor, que tiene una producción constante y muy variada, me llamó para colaborar en algunos proyectos , y esto ha sido una excelente oportunidad para mí.

Anthony: ¿Recuerda cómo fue el descubrimiento de su vocación por la escritura? ¿Hubo algún momento, lectura o persona que influyó en usted?

Rosario: Yo he empezado a escribir desde que era niña. A los nueve años ya estaba escribiendo, era como una necesidad. Empecé escribiendo poesía y mis diarios, que todavía conservo, después, ya más grande, cuando estaba en secundaria, leí a García Márquez y Vargas Llosa, creo que fue ahí cuando me dije: «Quiero ser novelista». No tuve apoyo familiar, es que, bueno, no sé, así eran las familias antiguas. Yo escribía en secreto, jamás le mostré a alguien de mi familia las cosas que escribía, era algo muy personal, hasta que salió mi primera novela publicada recién los llamé y les dije: «Escribo y he ganado un premio». Cuando terminé el colegio empecé a estudiar Ingeniería Industrial, en ese entonces tenía la idea clarísima de la ingeniería. Recuerdo que al principio quería ser ingeniera mecánica eléctrica, pero todos me dijeron: «No, esa carrera no, hay puros hombres» y me dejé convencer. Creo que hubiera podido ser feliz en mecánica eléctrica, porque industrial no me gustó, no era para nada lo mío. Así que finalmente la dejé y me fui a la carrera de Artes, ahí tuve mucha más libertad.

Sebastián: ¿Cuáles son sus referentes literarios? ¿Tiene autores indispensables a los que recurre siempre o relee de vez en cuando?

Rosario: Dos autores que son básicos para mí, Julio Ramón Ribeyro y Juan Rulfo. Los dos. Ahora que la obra de Juan Rulfo es brevísima, pero en realidad no leo mucho, no tengo mucho tiempo. Cuando era joven podía darme ese lujo, actualmente ya no. Tengo tanto trabajo, tantas cosas que hacer y proyectos inconclusos, que ya no tengo tiempo para leer. En ambos autores me gusta mucho la temática, la brevedad y el estilo.

Anthony: ¿Tiene otros referentes artísticos? Ya sea en la música, el cine, el teatro…

Rosario: Sí, en mis obras suelo poner algunas referencias, alguna canción, por ejemplo, «Gloomy Sunday» cantada por Billie Holiday. Es una canción que habla de alguien que ha perdido a su amado y piensa en la muerte, dice que quisiera unirse al que se ha ido. Esa canción la escuchaba mucho cuando escribí Príncipe negro, que fue la novela que escribí después de la muerte de mi esposo.

Sebastián: Además de la escritura, ha dedicado gran parte de su vida al dibujo de caricaturas, la ilustración y la pintura. ¿Siente que ambas disciplinas —la escritura y la pintura— se complementan y se sirven de inspiración al momento de crear una obra? ¿O cada una de ellas es independiente de la otra?

Rosario: En cuanto a novela y caricatura creo que son independientes. Independientes, totalmente, incluso la forma en que uno las aborda es muy diferente. Una cosa es escribir una novela donde vas a describir una cantidad de situaciones y puedes tomarte todo el espacio y tiempo que desees; en cambio, una caricatura de opinión tiene que ser impactante en su brevedad, tiene que ser la idea reducida a una sola viñeta, donde el mensaje debe ser clarísimo y la gente pueda entenderla de inmediato. En el caso de los libros de temática infantil que he publicado y que tienen ilustraciones, como La calle de los objetos perdidos, ahí sí, la ilustración está directamente ligada al texto, se complementan. En El rey que no quería ver, que fue finalista, Willy del Pozo, que es el Editor general de Altazor, me dijo: «¿Quieres hacer tú las ilustraciones?». Y yo obviamente le dije que sí. Lo mismo para Mayumi y la sirena robada, cuando salió semifinalista, Willy me dio la oportunidad de ilustrar mis libros. Yo como ilustradora soy un poco antigua, sigo utilizando técnicas tradicionales como la acuarela y la tinta china. Bueno, ahora ya los delineo con tableta gráfica pues favorece a la impresión. En general soy una ilustradora muy clásica, por ejemplo, no usaría inteligencia artificial como herramienta, sentiría que estoy traicionándome.

Anthony: Usted ha obtenido dos premios literarios importantes en el país, como el Premio Altazor y el Premio Cámara Peruana del Libro, e igualmente finalista en el Premio Copé de Novela, ¿qué sensaciones le deja la situación editorial y literaria a nivel regional? ¿Qué fortalezas y debilidades observa en el ecosistema del libro desde su posición como artista?

Rosario: Mira, esto es algo muy interesante, pero yo no formo parte activa de todo esto. Escribo, pero soy muy de taller, de estar encerrada. No voy a presentaciones de libros, no voy a nada, ni siquiera a exposiciones de arte. Cuando era joven sí iba a las exposiciones, pero bueno, no sé cómo anda el ecosistema, ni conozco a los autores. No sé mucho de lo que se está publicando. Si yo he participado en los concursos ha sido por razones muy específicas. Cuando tuve a mis hijos tuve que replegarme porque quise cuidarlos yo misma, disfrutarlos, no dejárselos a nadie. Me aboqué a ellos, dejé de pintar, trabajaba solo como caricaturista para el diario Noticias y mi esposo, que estaba en el grupo La República, empezó a sobresalir y de pronto, ya no éramos Rafael y Rosario, era Rafael y su “esposita”. Y yo pues me dije: «Ay, no, no, me estoy quedando, tengo que hacer algo». Y mandé mi novela para la Cámara Peruana y gané. Esa fue mi forma de no quedarme atrás, de dar la talla. Pero al cabo de un mes murió mi esposo y me di cuenta de que me había quedado sola y no tenía los medios suficientes para mantener a mis hijos. Estaba trabajando solo en el diario y lo que ganaba era poquísimo. Así que vi en los concursos una buena oportunidad para obtener una cantidad más o menos grande de dinero y empecé a postular a todos los concursos posibles. Fue una alternativa para afrontar toda la responsabilidad que me había quedado.

Sebastián: ¿Como fue la experiencia de publicar sus libros? ¿Como ha sido su experiencia con las editoriales independientes?

Rosario: Mis libros se han publicado sobretodo mediante los concursos. Para mí los concursos han sido vitales, creo que en la carrera de cualquier escritor resultan positivos pues te simplifican el camino. Uno cuando sale por sí solo tiene que empezar a escalar y es difícil. Conozco una escritora que quería publicar su libro y fue a una editorial arequipeña y le dijeron: «No, no te podemos publicar, nosotros solo publicamos escritores reconocidos». Es difícil hacerlo uno solo, antes sacar un libro de forma autoeditada era un camino de espinas porque no te aceptaban el libro para venta en ningún sitio. Las librerías te solían decir: «No, tienes que tener una guía de remisión». y el libro finalmente circulaba solo entre los familiares y los amigos, por eso la labor editorial es importante. Ahora no sé cómo estará, he visto en las redes que hay librerías nuevas que apoyan publicaciones independientes. Después de los premios varias editoriales en Arequipa y Lima empezaron a buscarme, me pedían material y yo les envié a todas, en Lima sí salieron algunas publicaciones. En otras oportunidades me hicieron firmar contratos, un par de veces incluso me dieron adelanto de derechos de autor, pero los libros nunca salieron publicados. El año pasado, por ejemplo, tenían que salir cuatro libros y no salió ninguno.

Anthony: ¿Nos podría comentar un poco sobre su novela El canto de los pájaros? Tengo entendido que iba a salir publicada hace un par de años en una editorial arequipeña.

Rosario: El canto de los pájaros fue finalista del Premio Copé, y fue uno de estos casos. Me contactó un editor, estábamos ajustando los detalles, pero se nos cruzó la pandemia. La pandemia enfrió todo. Aunque hubieron también algunas cositas que no terminaron de cuajar, un problema que tenía mi novela es que presentaba varios pasajes semi eróticos y el editor me había mencionado que tenía pensado distribuirla en colegios, para el Plan Lector, entonces yo pensé que no era muy adecuada, digamos, en algunas partes, para que la leyeran menores de edad. El editor me dijo que haga las correcciones que considere y tuve que borrarle varias partes que quizás eran lo que hacía equilibrio con todo lo demás. Mientras la corregía pensaba que tenía que hacerla más suave, pero creo que se me pasó la mano y terminé autocensurándome, y vi que la novela iba perdiendo el alma. Como suelen decir, por algo suceden las cosas. Pasó la pandemia, se venció el contrato y la novela no llegó a salir. Todo quedó ahí. Quizás algún día la retome, la vuelva a corregir y me arriesgue con una autopublicación. Ahora, ¿de qué se trata El canto de los pájaros? Es la historia de una joven y su familia que enloquecen. Ellos viven en un pueblo apartado que sufrió el embate del terrorismo, por lo que llevan heridas, pero esas heridas no están en los protagonistas, sino en la tierra, en los pueblos, en los caminos. Y los pájaros, esos que cantan, son las almas que dan testimonio de la violencia como un contrapunto al relato de la chica.

Sebastián: ¿Se encuentra escribiendo algo actualmente? Tal vez nos podría dar un adelanto.

Rosario: Estoy escribiendo dos novelas, pero todavía están un poco verdes. Desde hace algún tiempo me he aficionado a las antigüedades y ahí tuve una situación muy divertida. Un día dije: «¿Qué pasaría si en una de las antigüedades que compro llegase un tesoro? ¿Qué tal si encuentro algo escondido?». Estaba pensando en eso y justo compré un cuadro, un cuadro que tenía atrás una placa de madera, la saqué para acomodar la imagen y adentro encontré el “tesoro”. Inmediatamente me dije «No, no, esto lo tengo que escribir». Y, bueno, una de las novelas habla de ese tesoro.

Anthony: ¿Qué consejos podría darles a aquellas personas que están empezando a escribir o a dedicar su vida a una disciplina artística?

Rosario: A veces dicen que dedicarse a ser escritor o dedicarse a ser artista no tiene futuro. Pero yo no pienso que sea así. Yo creo que sí tiene futuro, pero un futuro que está basado en la disciplina y en el trabajo. He visto colegas que han estudiado artes plásticas conmigo, y que ahora son artistas consolidados, viven de su trabajo en las artes. Por ejemplo, Darío Callo, que es uno de los acuarelistas más importantes. Creo que ellos han trabajado en serio, yo soy un poco errática, me dedico a muchas cosas. Pero si uno está convencido que ese es su camino, pues sí se puede. Eso es lo que yo les diría. La disciplina y la constancia. Plantearse metas, proyectos, estudiar, prepararse.

Sebastián: Y ya para ir finalizando, coméntenos un poco sobre la formación de artistas en la ciudad. ¿Considera que las instituciones educativas cumplen una función importante en esta faceta?

Rosario: Pienso que en las escuelas de artes debería haber maestros apropiados, de ahí parte todo, un docente no puede ser solamente alguien que va a enseñar la teoría, tiene que ser alguien que produce, alguien que es capaz de hacer una obra con solvencia, no solo técnica, también poder sustentarla. Y lo contrario, que no solo tenga obra, sino que sea capaz de comunicar su conocimiento a los estudiantes.

Yo no conozco a todos los docentes que están en la escuela en la actualidad, pero en mi época había algunos que era buenos artistas, buenísimos, con obras muy importantes, con premios ganados, pero no nos transmitían sus conocimientos. Daban vueltas por los caballetes en silencio. No sé cuál era el mensaje que querían darnos, pero cuando egresamos, muchos lo hicimos decepcionados. Recuerdo compañeros que se lamentaban: «He perdido cinco años de mi vida, decían, para qué estudié esto». Hace poco uno de estos profes explicó en un video por qué solía decir a los estudiantes de artes que no necesitaban titularse. Muy tarde llegó su explicación, 26 años tarde, en los años 90’s, cuando él y otros profesores nos decían eso, muchos interpretamos que la carrera de Artes Plásticas no tenía formalidad, que su título no servía para nada. Lo que quiso decir, entiendo ahora, era que un pintor no necesita un título, pero incluso así, estaba mal hablarnos en genérico, pues no todos los estudiantes de la Escuela de Artes van a ser pintores, existe un abanico de posibilidades, docente, gestor cultural, ilustrador, curador, crítico, que no solo sí necesitan el título, más aún maestrías, doctorados.

Anthony: ¿Cuál sería el rol de las artes, literatura, pintura, dibujo, música en la sociedad? ¿Cómo influye en el entorno?

Rosario: Creo que la producción de todo tipo de obras creativas tiene un papel muy importante, porque no solo nos humaniza, sino que nos motiva a expresarnos. Es importante que las personas tengan la capacidad de apreciar, entender y valorar estas producciones. Es parte de ser humanos. He sido instructora de talleres extracurriculares de arte en la UNSA por varios años y muchas veces he visto a los alumnos hablar despectivamente de las artes, piensan que llevar un taller es perder el tiempo, sin embargo, cuando llevan el taller lo disfrutan, se expresan, dibujan, experimentan el proceso creativo y se van agradecidos.

 

Rosario Cardeña* (Arequipa, 1974). Siguió la carrera de Artes plásticas en la Universidad Nacional de San Agustín. Ha participado en diversas muestras de pintura, caricatura, escultura y joyería. Obtuvo una mención honrosa en el Concurso de Poesía del Semanario El Búho (2008). En el año 2010 obtuvo el Premio Cámara Peruana de Novela Breve con El amante. Ese mismo año fue finalista del concurso de diseño y arte aplicado «Continente y Contenido» de la Embajada de Brasil. En el año 2014 quedó en primer lugar en el II Premio Altazor de Novela con su obra Príncipe negro. Posteriormente, quedó finalista en el Premio Copé de Novela con su obra El canto de los pájaros. Además, se ha dedicado a la escritura de literatura infantil con libros como La calle de los objetos perdidos, El rey que no quería ver y Mayumi y la sirena robada.


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