ENTREVISTA A WALTER LINGÁN

WALTER LINGÁN: «YO CREO QUE EL COMPROMISO FUNDAMENTAL DEL ESCRITOR ES CON EL TRABAJO LITERARIO, CON EL LENGUAJE. AHORA, SUS CONVICCIONES POLÍTICAS TAMBIÉN SON IMPORTANTES. YO NO ME CONSIDERO UN ESCRITOR PARA DIVERTIR, SOY UN ESCRITOR QUE EL DIVERTIMENTO ME SIRVE PARA DESPERTAR CIERTAS CONCIENCIAS»

Walter Lingán* es uno de los narradores más prolíficos y constantes en el medio literario peruano. Autor de libros de cuentos y novelas, ha desarrollado una prosa que transita de lo regional a lo cosmopolita. A propósito de su última novela, Mi nombre es Paronacional (2024), El Hacedor conversó con él.


Sebastián: ¿Como fue su experiencia escribiendo su más reciente novela Mi nombre es Paronacional? ¿Qué aprendizajes y dificultades o retos tuvo al momento de escribir esta novela?

Walter: El reto más importante fue tratar de comunicarme con los agentes, con los muchachos, los amigos que participaron en aquel momento, para poder reconstruir la historia con mayor fidelidad a lo que ocurrió. Tratar de hacerla un poco más realista y no tanto apelar a la ficción. De todas maneras, muchas de esas personas que conocí en aquellos años ya no las pude localizar. A otros les era dificultoso hablar lo que habían pasado, se habían olvidado de muchas cosas; y a algunos no les interesó. También tuve que investigar sobre temas sociales: cómo era la época en aquel entonces, qué situación tenía la dictadura militar de aquellos años, cómo era el movimiento sindical, el movimiento popular, cómo se movían los partidos políticos, cómo influían los sindicatos. Todas esas cosas me sirvieron para armar el texto, la estructura, y cuando ya estaba casi por terminar el libro, me surgió la idea de hacerlo en primera persona y hacer que el mismo protagonista —el mismo Paronacional— cuente su propia historia: la voz del pueblo, pero a través de ese movimiento que existió.

Digamos que parte de la inspiración la obtuve del libro del poeta Cesáreo Martínez, Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga) (1978). Yo quise hacer una historia paralela entre el paro y la literatura, al menos al principio, pero luego prioricé la historia sacrificando al poeta. Por otro lado, el lenguaje era importante para mí en ese momento, que se refleje cómo un chico de barrio habla y cuenta con su propio lenguaje, insolente, malcriado, y con el uso de la jerga.

Todos los años yo venía a Lima y siempre iba a mi barrio. Parte de mi familia todavía vivía allí y mis amigos también. Todas esas cosas he hecho en los últimos veinte años, juntando todo el material que era necesario para poder terminar la novela.

Sebastián: ¿Como es la escena cultural en Alemania? ¿Qué diferencias encuentra con la escena cultural del Perú?

Walter: En Europa, el autor que es publicado por una editorial tiene un cierto reconocimiento: es respetado hasta cierto punto por la ciudadanía. En segundo lugar, la escena es un poco parecida. Las grandes editoriales dan prioridad a novelas de grandes autores, sobre todo traducciones a nivel mundial, y los autores nacionales son producto de esta nueva cultura que tenemos ahorita: son autores de la farándula. Son ellos los que escriben historias sobre su vida personal o sexual, llena de excesos. Digamos que esa es la literatura que está de moda, y los buenos autores están un poco más relegados a pequeñas editoriales independientes, como aquí. Y las grandes editoriales suelen alejarse de la buena literatura. Ahora, eso no quita de que haya buenos autores, pero cada vez son menos. Los escritores clásicos más conocidos sí tienen un cierto reconocimiento, pero cada vez están más alejados de la población, porque sus libros no son reeditados, no se leen más. Incluso, por ejemplo, un emblema de la literatura alemana, el premio nobel Heinrich Böll, ya casi nadie lo lee.

Hay algunos autores que todavía se mantienen, hay cierta movida literaria independiente. Igual que acá, funcionan los pequeños grupos literarios, tanto nacionales como migrantes. La literatura de migrantes es bien importante. La que proviene de africanos, latinoamericanos, italianos, polacos, y de los españoles que han venido a trabajar después de la Segunda Guerra Mundial. Todos ellos forman, digamos, grupos literarios, pero que no son de gran influencia para la población. Por ejemplo, nosotros mismos como latinoamericanos —que somos los más divididos— hemos formado un grupito que se llama Tertulia Literaria La Ambulante, que funciona ya veintidós años en Alemania. Cada mes presentamos a un autor. Pero, como digo, eso es algo pequeño, casi insignificante, de lo que es realmente la literatura. Lo que más nos preocupa es que no podemos llegar a jóvenes. Porque los jóvenes están en otra movida que los aleja de la literatura. Es igual de difícil que aquí encontrar jóvenes que quieran leer, que les guste leer, que se acerquen a nuestras tertulias que hacemos, a nuestros eventos. Tenemos un público pero que pertenece a una generación de los años setenta, ochenta, de migrantes que llegaron exiliados de las dictaduras del sur de Latinoamérica. En ellos encontramos un público más o menos activo, pero también que, al mismo tiempo, por la edad, se va limitando. Muchas veces ya no pueden llegar a los eventos. Nuestra gran tarea es ganarnos a los jóvenes. Lo que sí hay, por ejemplo, entre los latinoamericanos, es una emergencia de la poesía. Parece como si la gente leyera más poesía. Hay jóvenes escritores o poetas latinoamericanos que viven en Alemania, o hijos de padres migrantes que cultivan el idioma español y escriben en español, o en los dos idiomas. Pero lo más complicado de conseguir son lectores. Es decir, hay una corriente nueva de escritores jóvenes, pero no tenemos la equivalencia en lectores jóvenes. No hay una cierta correspondencia. No sé si es una influencia cultural de la época del neoliberalismo, la cultura neoliberal, del aislamiento o ensimismamiento de cada persona. O de la crisis de las humanidades. Por ejemplo, en la Universidad de Düsseldorf, en la Facultad de Letras, había un curso especial de español para médicos, estudiantes de Medicina. Sin embargo, ese programa o ese curso se ha anulado, al mismo tiempo que se van anulando cátedras de Filosofía o Ciencias Sociales. El conservadurismo a nivel cultural se generaliza, de forma global también, no solamente en Latinoamérica o en el Perú.

Sebastián: Justo hablábamos de autores olvidados ¿qué otro escritor considera que tenga que volver a la mesa del debate, de la lectura, ya sea internacional o peruano?

Walter: Heinrich Böll, por ejemplo. Sin embargo, a pesar de que tiene una fundación en Colonia, no está siendo reeditado ni en español o alemán. Como digo, ahora se da más prioridad a las literaturas de los llamados prominentes o influenzas, más que realmente a creadores literarios. Ese es el gran problema de ahora.

Sebastián: ¿Recuerda como fue el descubrimiento de su vocación por la escritura? ¿Hubo algún momento, lectura o persona que lo influyó?

Walter: De alguna forma jugó un rol muy importante la lectura de El lobo estepario (1927) de Hermann Hesse. Yo estaba en tercer año de secundaria. Ese fue uno de los motivos que me impulsó a seguir leyendo. Nunca pensé en publicar. Pude haberme involucrado un poco más con los escritores en la Universidad de San Marcos, pero yo solamente era un lector. Me metía en la Biblioteca Nacional que quedaba en la avenida Abancay, en Lima, casi todos los días. Ahí leía en los espacios que tenía libres. Llegaba a mi casa en la noche y mis padres se quedaban un poco admirados, ya que del colegio salía a las dos de la tarde y yo llegaba a las siete u ocho de la noche. Era un lector impulsivo, todos los días quería estar leyendo. Conseguía libros prestados o a veces con mis ahorros me compraba, pero la mayoría de libros eran prestados y de la biblioteca. También nunca se me ocurrió ir, por ejemplo, a recitales poéticos. Yo era muy joven, recién estaba terminando la secundaria. Cuando voy a Europa, empecé ese aislamiento para estudiar, estar en casa y no tener otra cosa que hacer que seguir leyendo y al mismo tiempo mostrar lo que yo escribía a amigos. Sin embargo, yo nunca tuve un acercamiento crítico a la escritura, porque yo no estudié literatura. En cambio, había leído algo de sociología, por eso tenía una visión distinta. Mis amigos al leer mis escritos me decían: «Oye, pero tú escribes bastante bien; me gusta lo que has hecho, hay que corregir aquí, hay que corregir allá». Esas cosas las fui aprendiendo con ellos en Alemania. Hasta que llegó un momento en que alguien me dijo: «¿Por qué no participas en concursos literarios?». Entonces empecé a postular a concursos, tanto en España, Francia, Alemania y en Perú también. Y gané algunos, y con eso ya empezó un poco las ganas por publicar. Recuerdo que presenté un grupo de cuentos a una editorial peruana y la respuesta fue simplemente: «Mira, sí me gusta lo que has escrito, pero si puedes esperar de aquí a tres años, podemos hablar de publicar. Por ahora no, ya toda la agenda está llena». O algunos otros no me contestaban y la mayoría, claro, me decían: «Sí, te mando el presupuesto». Entonces entendí que yo tenía que pagar para que me publiquen. En ese momento comprendí que el hecho de que ganes un concurso literario tampoco te da la influencia suficiente para que digan: «Mira, yo te publico porque ganaste el Cuento de las Mil Palabras». No. Entonces, lo que he visto en mi experiencia es el tema de la amistad. Todos mis libros han sido publicados a través de amigos. Ellos me dicen: «Oye, yo te lo publico». Claro, los primeros libros yo he pagado para que los publiquen, pero llegó un momento en que me dije: «No, yo no pago más por publicar mis libros. Si quieren los publican, si no quieren, no los publican». Lo máximo que he llegado es a coediciones. Los últimos libros ya han sido financiados por las propias editoriales.Hay un libro ahora que se publicará en España, y otro libro que posiblemente se publique en Iquitos.

Sebastián: ¿Cuáles son sus referentes literarios? ¿A qué autores recurre o relee?

Walter: Hay muchos y nombrarlos sería un poco injusto, porque me puedo olvidar de algunos. Por ejemplo, cuando yo estoy escribiendo escucho música siempre, pero cuando me bloqueo un poco o cuando tengo que avanzar en algo, leo mucha poesía. Siempre releo a César Vallejo o Enrique Verástegui. También a algunos jóvenes como Jorge Malpartida Tabuchi, Orlando Mazeyra, Edwin Chávez o José Rodriguez Siguas. También libros en alemán, de algunos escritores alemanes, sobre todo Günter Grass o Heinrich Böll. Me interesa mucho el lenguaje, el humor, y como te dije, tengo una gran influencia de autores migrantes, turcos, africanos o latinoamericanos.

Sebastián: Ha mencionado que ha escrito una novela juvenil y una infantil. ¿Qué diferencias encuentra entre escribir para un público de infantes, un público de jóvenes y un público más adulto?

Walter: El problema es el lenguaje. Cómo te acercas al lenguaje, sobre todo al infantil. Yo escribí una historia para niños, pero mi intención no era escribirla y publicarla, sino lo hice como un juego que yo tenía con mi nieta. Yo le contaba la historia de unos cuyes que se fueron a la luna. Y cada vez que yo la visitaba, me pedía que se la cuente. Y siempre iba variando, porque a veces me olvidaba de la secuencia o de algún personaje. Y ella me decía: «No, pero la vez pasada no era así». Fue entonces cuando decidí escribir la historia y dársela como un regalo. Se la entregué, pero resulta que lo leyó su maestra y para ella ese no era un texto infantil, ya que el lenguaje no estaba dirigido a niños. Por muchas razones. Por ejemplo, a un niño no le puedes decir: «Tú estás gordo», hay que ser mucho más sutil en el lenguaje. Y eso para mí es difícil, porque yo soy mucho más radical. Me es complicado disfrazar un poco el lenguaje, suavizarlo. No es una cosa que me salga así, muy naturalmente.

Sebastián: ¿Como fue la experiencia de publicar sus libros? ¿Qué diferencias encuentra entre las editoriales independientes del Perú y las editoriales de otros países?

Walter: Hay varias formas de publicar en forma independiente. Las plataformas del Internet como Amazon, por ejemplo. Hay muchos que te publican el libro sin que tú pagues nada, prácticamente, pero tú tienes que hacer el machote, la corrección, la edición, todo. Tú le entregas a ellos solamente para que lo publiquen en su plataforma, que lo vendan desde ahí. Esa es una de las formas de publicar. La otra es a pedido. Tú presentas el texto, ellos lo aprueban y te dicen: «Ya, yo voy a publicar el libro, pero le aconsejo que usted me compre veinte o cincuenta libros a precio de venta al público», y ellos hacen una pequeña revisión, que en realidad es una corrección más o menos general. Tienes que tú mismo ser el que hace toda la edición, pero con la diferencia de que ellos se encargan de todo lo demás: diseñar la carátula, hacer la diagramación, la presentación del libro, el lanzamiento y la venta y distribución. En realidad, es lo mismo que nada. Si has vendido los cincuenta libros que tú compras, los tienes que vender tú mismo. Y si vendes unos diez, veinte, treinta libros más — a través de la editorial o tú mismo— en una presentación, ya con eso puedes darte por servido. Tampoco es gran cosa, ¿no? Lo que te ofrecen es poquito en comparación con las grandes editoriales, por decirlo así. No se compara en nada, a pesar de que tienen un buen equipo de marketing.

Otra situación que ellos te ofrecen es que si tu primer libro vendió miles de ejemplares, te publican un libro gratis después, con todos los gastos. Yo, por ejemplo, he logrado vender cerca de cinco mil ejemplares con Un cuy entre alemanes. Soy conocido en el Perú más por ese libro que por otras cosas. Es por eso que tengo ahorita una editorial, la cual sigue publicando mis libros en España. Pero son chispazos de la vida, no es que todo el mundo logre eso. De mis otros libros que se han publicado, tengo una novela muy gruesa en España. He vendido más o menos trescientos ejemplares, no se ha vendido más. Para publicar en editoriales independientes en Europa, hay que ser realistas: no vas a vender más de cien ejemplares, doscientos, quizás, como mucho. Si eres realista en ese sentido, lo asimilarás bien; pero no hay que pensar en que ya te vas a volver un best-seller. En Europa es mucho más difícil. Aquí por lo menos hay algunos amigos que están trabajando en una editorial, a través de ellos puedes entrar, aunque sea para que te revisen y te digan que no. Pero en Europa es peor, porque solamente entras a través de una agencia literaria. Si es un autor mayor de cincuenta años, dicen: «No, pues, este autor no me va a aguantar cinco libros más».

Sebastián: Usted ha obtenido reconocimientos importantes, como el tercer lugar en el Concurso de Cuento de las Mil Palabras de Caretas, el concurso de relatos José María Arguedas, entre otros. Dígame, ¿cuáles son sus percepciones sobre los certámenes literarios? ¿Los considera importantes para el posicionamiento de los autores?

Walter: Algunos, pero en especial los grandes concursos. Por ejemplo, el Alfaguara o el Planeta, aunque son premios ya predestinados, acordados de antemano qué autor va a recibirlo, por intereses de la editorial. Ahora, hay otros concursos más pequeños, donde se gana entre diez mil y veinte mil euros, donde hay más posibilidad de ganar. Hay un poco más de independencia, más sinceridad en el premio. Y a veces te publica una editorial más o menos interesante como Gutenberg o Páginas de Espuma, por ejemplo; pero después, los más pequeños, solamente sirven para tu ego personal.

Ahora, hay algunos premios, incluso, que no necesariamente te catapultan a hacerte conocido. Por ejemplo, el premio de Petroperú, el Copé. Yo veo que hay autores muy buenos que han logrado ganar ese concurso. Sin embargo, no han logrado despegar. Uno que otro sí, pero no todos. Incluso siguen publicando con editoriales independientes y no con una transnacional. Allí habría que preguntarse qué publican las transnacionales. Los premios son objetos comerciales. Son para promover autores o para ganar plata, pero no tanto el autor, sino las editoriales.

Yo tengo esperanzas en que aparezca algún premio que realmente ayude a un autor a integrar determinados círculos literarios. Hay algunos premios muy literarios, como el de la Asociación Peruano Japonesa, ellos mismo editan el libro, pero que no se difunde adecuadamente. Es decir, ganas, pero no te sirve de mucho o de nada. A mí ya no me interesa mucho participar, pero pienso que para los jóvenes escritores sí es importante, porque les da cierta seguridad o esperanzas para seguir escribiendo.

Sebastián: ¿Cual considera usted que es el rol de la literatura en la sociedad? ¿Como es que dialoga la literatura y la sociedad?

Walter: Yo creo que el compromiso del escritor es con el trabajo literario, con el lenguaje. Ahora, sus convicciones políticas también son importantes. Yo no me considero un escritor para divertir, soy un escritor que el divertimento me sirve para despertar ciertas conciencias. No creo que con eso vaya a cambiar el mundo, pero por lo menos estar activo dentro del movimiento popular, de los cambios sociales, estar inmerso en eso como persona, como escritor, comprometerme, solidarizarme con esas luchas y que los libros también sirvan a ello. Que sean sobre todo libros humanistas. Bien trabajados, claro, pero que trasciendan un poco con los problemas que soporta la sociedad todos los días. Con la gente que trabaja y lucha, que es engañada y ultrajada. Pienso que esas dos cosas tienen que darse: la buena literatura y el compromiso del autor.

Sebastián: ¿Como es la experiencia de la escritura desde la migración?

Walter: Yo pienso que la migración nos acerca a nuestros países de una forma un poco desde la lejanía, con nostalgia, pero al mismo tiempo también con algo de realismo. Estamos incluso mejor informados que nuestros propios compatriotas, porque al intercambiar experiencias con escritores o personas que vienen de todo el mundo te da otra mirada. A mí me interesa mucho también el humor en la literatura migrante, porque hay una literatura migrante nostálgica y de lloriqueo, pero a mí me interesa el migrante que ve con esperanza las cosas, que no solamente se pone a sufrir. Y eso es lo que yo también he transmitido en mi literatura, en la literatura de migración.

Me gustan los escritores como los turcos, porque tienen esa modalidad, esa fuerza y, sobre todo, porque ellos escriben mucho en un alemán irreverente. Me llama la atención cómo van cambiando el lenguaje. El alemán que es acartonado, oficial, formal, ellos lo convierten en un lenguaje que rompe con las estructuras. Eso es lo que a mí me gusta. Incluso la creación de nuevas palabras. Por ejemplo, «anmelden» es una palabra en alemán que significa «inscribirse o anotarse, registrarse». Sin embargo, los latinoamericanos hemos asumido esa palabra al español. Decimos cosas como: «¿Ya te has anmeldeado?». Eso es lo que hacen también los turcos. Un joven escritor turco incluso ha trastocado casi todo el idioma y ganó un concurso. Esa es la otra cosa que me gusta de la migración, esa creatividad para jugar con el lenguaje, no solamente con el materno.

Sebastián: ¿Que consejos podrías darles a aquellas personas que están empezando a escribir?

Walter: Yo creo que, si a alguien le gusta escribir, tiene que leer. Tiene que leer mucho, tratando de descifrar algunas cosas, de encontrar algo en cada lectura que hace. Leer hasta dos o tres veces un párrafo, una página. Y leer a los clásicos, y luego ejercitar la escritura. Tomar la escritura como un ejercicio diario. No tienes que escribir dos o tres páginas diarias, pero sí mantenerse constante. Ir corrigiendo. Como decía Reinoso: «Hay que corregir mucho». Yo, por ejemplo, a veces hago hasta dos, tres versiones de cada historia que escribo. La única forma de ya no corregir más es publicando. A los escritores jóvenes les aconsejaría que lean, que lean mucho, y que escriban al mismo tiempo que corrijan. Creo que esa es la clave para de alguna manera encontrar uno mismo su propio lenguaje, su propio estilo de escritura.

Sebastián: ¿Qué libro está leyendo actualmente y qué opina de esta lectura?

Walter: Estoy leyendo a Jorge Malpartida Tabuchi, su libro Contra toda autoridad, excepto. He leído recién el primer cuento y me ha sorprendido la forma como encara el lenguaje juvenil actual. Él tiene un reloj juvenil diferente al mío, porque yo no estoy metido en ese mundo que él conoce. Yo desconozco el mundo juvenil actual, sobre todo peruano. Orlando Mazeyra también tiene unas cosas muy especiales en sus libros.

 

* Walter Lingán (Cajamarca, 1954). Estudió Medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Universidad de Colonia. Trabajó en el departamento de radiología de la clínica universitaria de Colonia, Alemania. Como narrador, ha obtenido diversos reconocimientos literarios como el tercer lugar en el Concurso El Cuento de las Mil Palabras de la revista Caretas; el primer puesto en los Juegos Florales Josafat Roel Pineda y en el Concurso Internacional de Cuento José María Arguedas (Francia) y en el Concurso Literario de Cuento El Butacón (Alemania). Entre sus publicaciones se encuentran los libros El lado oscuro de Magdalena (1996), Un pez en el ojo de la noche (2009), Koko Shijam, el libro andante del Marañón (2014), Un cuy entre alemanes (2015), A medianoche, en la eternidad (2020), Mi nombre es Paronacional (2024), Niña y Stupsi, el increíble viaje de dos cuyes a la luna (2025), El Titikaka en la mochila (2025), Por un puñadito de sal (2026), entre otros.

Comentarios

Entradas populares de este blog

ENTREVISTA A ISAAC GOLDEMBERG

ENTREVISTA A MARCOS YAURI MONTERO

ENTREVISTA A VALERIA MONTES PASTOR