ENTREVISTA A WALTER LINGÁN
WALTER LINGÁN: «YO CREO QUE EL COMPROMISO FUNDAMENTAL DEL ESCRITOR ES CON EL TRABAJO LITERARIO, CON EL LENGUAJE. AHORA, SUS CONVICCIONES POLÍTICAS TAMBIÉN SON IMPORTANTES. YO NO ME CONSIDERO UN ESCRITOR PARA DIVERTIR, SOY UN ESCRITOR QUE EL DIVERTIMENTO ME SIRVE PARA DESPERTAR CIERTAS CONCIENCIAS»
Sebastián: ¿Como fue su
experiencia escribiendo su más reciente novela Mi nombre es Paronacional?
¿Qué aprendizajes y dificultades o retos tuvo al momento de escribir esta
novela?
Walter: El reto más
importante fue tratar de comunicarme con los agentes, con los muchachos, los
amigos que participaron en aquel momento, para poder reconstruir la historia con
mayor fidelidad a lo que ocurrió. Tratar de hacerla un poco más realista y no
tanto apelar a la ficción. De todas maneras, muchas de esas personas que conocí
en aquellos años ya no las pude localizar. A otros les era dificultoso hablar
lo que habían pasado, se habían olvidado de muchas cosas; y a algunos no les
interesó. También tuve que investigar sobre temas sociales: cómo era la época
en aquel entonces, qué situación tenía la dictadura militar de aquellos años,
cómo era el movimiento sindical, el movimiento popular, cómo se movían los
partidos políticos, cómo influían los sindicatos. Todas esas cosas me sirvieron
para armar el texto, la estructura, y cuando ya estaba casi por terminar el
libro, me surgió la idea de hacerlo en primera persona y hacer que el mismo
protagonista —el mismo Paronacional— cuente su propia historia: la voz del pueblo,
pero a través de ese movimiento que existió.
Digamos que parte de la
inspiración la obtuve del libro del poeta Cesáreo Martínez, Cinco razones
puras para comprometerse (con la huelga) (1978). Yo quise hacer una
historia paralela entre el paro y la literatura, al menos al principio, pero
luego prioricé la historia sacrificando al poeta. Por otro lado, el lenguaje
era importante para mí en ese momento, que se refleje cómo un chico de barrio
habla y cuenta con su propio lenguaje, insolente, malcriado, y con el uso de la
jerga.
Todos los años yo venía a Lima y
siempre iba a mi barrio. Parte de mi familia todavía vivía allí y mis amigos
también. Todas esas cosas he hecho en los últimos veinte años, juntando todo el
material que era necesario para poder terminar la novela.
Sebastián: ¿Como es la escena
cultural en Alemania? ¿Qué diferencias encuentra con la escena cultural del
Perú?
Walter: En Europa, el autor
que es publicado por una editorial tiene un cierto reconocimiento: es respetado
hasta cierto punto por la ciudadanía. En segundo lugar, la escena es un poco
parecida. Las grandes editoriales dan prioridad a novelas de grandes autores,
sobre todo traducciones a nivel mundial, y los autores nacionales son producto
de esta nueva cultura que tenemos ahorita: son autores de la farándula. Son
ellos los que escriben historias sobre su vida personal o sexual, llena de
excesos. Digamos que esa es la literatura que está de moda, y los buenos
autores están un poco más relegados a pequeñas editoriales independientes, como
aquí. Y las grandes editoriales suelen alejarse de la buena literatura. Ahora,
eso no quita de que haya buenos autores, pero cada vez son menos. Los
escritores clásicos más conocidos sí tienen un cierto reconocimiento, pero cada
vez están más alejados de la población, porque sus libros no son reeditados, no
se leen más. Incluso, por ejemplo, un emblema de la literatura alemana, el
premio nobel Heinrich Böll, ya casi nadie lo lee.
Hay algunos autores que todavía
se mantienen, hay cierta movida literaria independiente. Igual que acá,
funcionan los pequeños grupos literarios, tanto nacionales como migrantes. La
literatura de migrantes es bien importante. La que proviene de africanos,
latinoamericanos, italianos, polacos, y de los españoles que han venido a
trabajar después de la Segunda Guerra Mundial. Todos ellos forman, digamos,
grupos literarios, pero que no son de gran influencia para la población. Por
ejemplo, nosotros mismos como latinoamericanos —que somos los más divididos—
hemos formado un grupito que se llama Tertulia Literaria La Ambulante, que
funciona ya veintidós años en Alemania. Cada mes presentamos a un autor. Pero,
como digo, eso es algo pequeño, casi insignificante, de lo que es realmente la
literatura. Lo que más nos preocupa es que no podemos llegar a jóvenes. Porque
los jóvenes están en otra movida que los aleja de la literatura. Es igual de
difícil que aquí encontrar jóvenes que quieran leer, que les guste leer, que se
acerquen a nuestras tertulias que hacemos, a nuestros eventos. Tenemos un
público pero que pertenece a una generación de los años setenta, ochenta, de
migrantes que llegaron exiliados de las dictaduras del sur de Latinoamérica. En
ellos encontramos un público más o menos activo, pero también que, al mismo
tiempo, por la edad, se va limitando. Muchas veces ya no pueden
llegar a los eventos. Nuestra gran tarea es ganarnos a los jóvenes. Lo que sí
hay, por ejemplo, entre los latinoamericanos, es una emergencia de la poesía.
Parece como si la gente leyera más poesía. Hay jóvenes escritores o poetas
latinoamericanos que viven en Alemania, o hijos de padres migrantes que cultivan
el idioma español y escriben en español, o en los dos idiomas. Pero lo más
complicado de conseguir son lectores. Es decir, hay una corriente nueva de
escritores jóvenes, pero no tenemos la equivalencia en lectores jóvenes. No hay
una cierta correspondencia. No sé si es una influencia cultural de la época del
neoliberalismo, la cultura neoliberal, del aislamiento o ensimismamiento de
cada persona. O de la crisis de las humanidades. Por ejemplo, en la Universidad
de Düsseldorf, en la Facultad de Letras, había un curso especial de español
para médicos, estudiantes de Medicina. Sin embargo, ese programa o ese curso se
ha anulado, al mismo tiempo que se van anulando cátedras de Filosofía o
Ciencias Sociales. El conservadurismo a nivel cultural se generaliza, de forma
global también, no solamente en Latinoamérica o en el Perú.
Sebastián: Justo hablábamos de
autores olvidados ¿qué otro escritor considera que tenga que volver a la mesa
del debate, de la lectura, ya sea internacional o peruano?
Walter: Heinrich Böll, por
ejemplo. Sin embargo, a pesar de que tiene una fundación en Colonia, no está
siendo reeditado ni en español o alemán. Como digo, ahora se da más prioridad a
las literaturas de los llamados prominentes o influenzas, más que realmente a
creadores literarios. Ese es el gran problema de ahora.
Sebastián: ¿Recuerda como fue
el descubrimiento de su vocación por la escritura? ¿Hubo algún momento, lectura
o persona que lo influyó?
Walter: De alguna forma
jugó un rol muy importante la lectura de El lobo estepario (1927) de
Hermann Hesse. Yo estaba en tercer año de secundaria. Ese fue uno de los
motivos que me impulsó a seguir leyendo. Nunca pensé en publicar. Pude haberme involucrado
un poco más con los escritores en la Universidad de San Marcos, pero yo
solamente era un lector. Me metía en la Biblioteca Nacional que quedaba en la
avenida Abancay, en Lima, casi todos los días. Ahí leía en los espacios que
tenía libres. Llegaba a mi casa en la noche y mis padres se quedaban un poco
admirados, ya que del colegio salía a las dos de la tarde y yo llegaba a las
siete u ocho de la noche. Era un lector impulsivo, todos los días quería estar
leyendo. Conseguía libros prestados o a veces con mis ahorros me compraba, pero
la mayoría de libros eran prestados y de la biblioteca. También nunca se me
ocurrió ir, por ejemplo, a recitales poéticos. Yo era muy joven, recién estaba
terminando la secundaria. Cuando voy a Europa, empecé ese aislamiento para estudiar,
estar en casa y no tener otra cosa que hacer que seguir leyendo y al mismo
tiempo mostrar lo que yo escribía a amigos. Sin embargo, yo nunca tuve un
acercamiento crítico a la escritura, porque yo no estudié literatura. En
cambio, había leído algo de sociología, por eso tenía una visión distinta. Mis
amigos al leer mis escritos me decían: «Oye, pero tú escribes bastante bien; me
gusta lo que has hecho, hay que corregir aquí, hay que corregir allá». Esas
cosas las fui aprendiendo con ellos en Alemania. Hasta que llegó un momento en
que alguien me dijo: «¿Por qué no participas en concursos literarios?».
Entonces empecé a postular a concursos, tanto en España, Francia, Alemania y en
Perú también. Y gané algunos, y con eso ya empezó un poco las ganas por
publicar. Recuerdo que presenté un grupo de cuentos a una editorial peruana y
la respuesta fue simplemente: «Mira, sí me gusta lo que has escrito, pero si
puedes esperar de aquí a tres años, podemos hablar de publicar. Por ahora no,
ya toda la agenda está llena». O algunos otros no me contestaban y la mayoría,
claro, me decían: «Sí, te mando el presupuesto». Entonces entendí que yo tenía
que pagar para que me publiquen. En ese momento comprendí que el hecho de que
ganes un concurso literario tampoco te da la influencia suficiente para que
digan: «Mira, yo te publico porque ganaste el Cuento de las Mil Palabras». No.
Entonces, lo que he visto en mi experiencia es el tema de la amistad. Todos mis
libros han sido publicados a través de amigos. Ellos me dicen: «Oye, yo te lo
publico». Claro, los primeros libros yo he pagado para que los publiquen, pero
llegó un momento en que me dije: «No, yo no pago más por publicar mis libros.
Si quieren los publican, si no quieren, no los publican». Lo máximo que he
llegado es a coediciones. Los últimos libros ya han sido financiados por las
propias editoriales.Hay un libro ahora que se publicará en España, y otro libro
que posiblemente se publique en Iquitos.
Sebastián: ¿Cuáles son sus
referentes literarios? ¿A qué autores recurre o relee?
Walter: Hay muchos y
nombrarlos sería un poco injusto, porque me puedo olvidar de algunos. Por
ejemplo, cuando yo estoy escribiendo escucho música siempre, pero cuando me
bloqueo un poco o cuando tengo que avanzar en algo, leo mucha poesía. Siempre
releo a César Vallejo o Enrique Verástegui. También a algunos jóvenes como Jorge
Malpartida Tabuchi, Orlando Mazeyra, Edwin Chávez o José Rodriguez Siguas.
También libros en alemán, de algunos escritores alemanes, sobre todo Günter
Grass o Heinrich Böll. Me interesa mucho el lenguaje, el humor, y como te dije,
tengo una gran influencia de autores migrantes, turcos, africanos o
latinoamericanos.
Sebastián: Ha mencionado que
ha escrito una novela juvenil y una infantil. ¿Qué diferencias encuentra entre
escribir para un público de infantes, un público de jóvenes y un público más adulto?
Walter: El problema es el
lenguaje. Cómo te acercas al lenguaje, sobre todo al infantil. Yo escribí una
historia para niños, pero mi intención no era escribirla y publicarla, sino lo
hice como un juego que yo tenía con mi nieta. Yo le contaba la historia de unos
cuyes que se fueron a la luna. Y cada vez que yo la visitaba, me pedía que se
la cuente. Y siempre iba variando, porque a veces me olvidaba de la secuencia o
de algún personaje. Y ella me decía: «No, pero la vez pasada no era así». Fue
entonces cuando decidí escribir la historia y dársela como un regalo. Se la
entregué, pero resulta que lo leyó su maestra y para ella ese no era un texto
infantil, ya que el lenguaje no estaba dirigido a niños. Por muchas razones. Por
ejemplo, a un niño no le puedes decir: «Tú estás gordo», hay que ser mucho más sutil
en el lenguaje. Y eso para mí es difícil, porque yo soy mucho más radical. Me
es complicado disfrazar un poco el lenguaje, suavizarlo. No es una cosa que me
salga así, muy naturalmente.
Sebastián: ¿Como fue la
experiencia de publicar sus libros? ¿Qué diferencias encuentra entre las
editoriales independientes del Perú y las editoriales de otros países?
Walter: Hay varias formas
de publicar en forma independiente. Las plataformas del Internet como Amazon, por
ejemplo. Hay muchos que te publican el libro sin que tú pagues nada,
prácticamente, pero tú tienes que hacer el machote, la corrección, la edición,
todo. Tú le entregas a ellos solamente para que lo publiquen en su plataforma,
que lo vendan desde ahí. Esa es una de las formas de publicar. La otra es a
pedido. Tú presentas el texto, ellos lo aprueban y te dicen: «Ya, yo voy a
publicar el libro, pero le aconsejo que usted me compre veinte o cincuenta
libros a precio de venta al público», y ellos hacen una pequeña revisión, que
en realidad es una corrección más o menos general. Tienes que tú mismo ser el
que hace toda la edición, pero con la diferencia de que ellos se encargan de
todo lo demás: diseñar la carátula, hacer la diagramación, la presentación del
libro, el lanzamiento y la venta y distribución. En realidad, es lo mismo que
nada. Si has vendido los cincuenta libros que tú compras, los tienes que vender
tú mismo. Y si vendes unos diez, veinte, treinta libros más — a través de la
editorial o tú mismo— en una presentación, ya con eso puedes darte por servido.
Tampoco es gran cosa, ¿no? Lo que te ofrecen es poquito en comparación con las
grandes editoriales, por decirlo así. No se compara en nada, a pesar de que
tienen un buen equipo de marketing.
Otra situación que ellos te
ofrecen es que si tu primer libro vendió miles de ejemplares, te publican un
libro gratis después, con todos los gastos. Yo, por ejemplo, he logrado vender
cerca de cinco mil ejemplares con Un cuy entre alemanes. Soy conocido en
el Perú más por ese libro que por otras cosas. Es por eso que tengo ahorita una
editorial, la cual sigue publicando mis libros en España. Pero son chispazos de
la vida, no es que todo el mundo logre eso. De mis otros libros que se han
publicado, tengo una novela muy gruesa en España. He vendido más o menos
trescientos ejemplares, no se ha vendido más. Para publicar en editoriales
independientes en Europa, hay que ser realistas: no vas a vender más de cien
ejemplares, doscientos, quizás, como mucho. Si eres realista en ese sentido, lo
asimilarás bien; pero no hay que pensar en que ya te vas a volver un best-seller.
En Europa es mucho más difícil. Aquí por lo menos hay algunos amigos que están
trabajando en una editorial, a través de ellos puedes entrar, aunque sea para
que te revisen y te digan que no. Pero en Europa es peor, porque solamente
entras a través de una agencia literaria. Si es un autor mayor de cincuenta
años, dicen: «No, pues, este autor no me va a aguantar cinco libros más».
Sebastián: Usted ha obtenido
reconocimientos importantes, como el tercer lugar en el Concurso de Cuento de
las Mil Palabras de Caretas, el concurso de relatos José María Arguedas, entre
otros. Dígame, ¿cuáles son sus percepciones sobre los certámenes literarios? ¿Los
considera importantes para el posicionamiento de los autores?
Walter: Algunos, pero en
especial los grandes concursos. Por ejemplo, el Alfaguara o el Planeta, aunque
son premios ya predestinados, acordados de antemano qué autor va a recibirlo,
por intereses de la editorial. Ahora, hay otros concursos más pequeños, donde
se gana entre diez mil y veinte mil euros, donde hay más posibilidad de ganar.
Hay un poco más de independencia, más sinceridad en el premio. Y a veces te
publica una editorial más o menos interesante como Gutenberg o Páginas de
Espuma, por ejemplo; pero después, los más pequeños, solamente sirven para tu
ego personal.
Ahora, hay algunos premios,
incluso, que no necesariamente te catapultan a hacerte conocido. Por ejemplo,
el premio de Petroperú, el Copé. Yo veo que hay autores muy buenos que han
logrado ganar ese concurso. Sin embargo, no han logrado despegar. Uno que otro
sí, pero no todos. Incluso siguen publicando con editoriales independientes y
no con una transnacional. Allí habría que preguntarse qué publican las
transnacionales. Los premios son objetos comerciales. Son para promover autores
o para ganar plata, pero no tanto el autor, sino las editoriales.
Yo tengo esperanzas en que
aparezca algún premio que realmente ayude a un autor a integrar determinados
círculos literarios. Hay algunos premios muy literarios, como el de la
Asociación Peruano Japonesa, ellos mismo editan el libro, pero que no se
difunde adecuadamente. Es decir, ganas, pero no te sirve de mucho o de nada. A
mí ya no me interesa mucho participar, pero pienso que para los jóvenes
escritores sí es importante, porque les da cierta seguridad o esperanzas para
seguir escribiendo.
Sebastián: ¿Cual considera
usted que es el rol de la literatura en la sociedad? ¿Como es que dialoga la
literatura y la sociedad?
Walter: Yo creo que el
compromiso del escritor es con el trabajo literario, con el lenguaje. Ahora,
sus convicciones políticas también son importantes. Yo no me considero un
escritor para divertir, soy un escritor que el divertimento me sirve para
despertar ciertas conciencias. No creo que con eso vaya a cambiar el mundo,
pero por lo menos estar activo dentro del movimiento popular, de los cambios
sociales, estar inmerso en eso como persona, como escritor, comprometerme,
solidarizarme con esas luchas y que los libros también sirvan a ello. Que sean
sobre todo libros humanistas. Bien trabajados, claro, pero que trasciendan un
poco con los problemas que soporta la sociedad todos los días. Con la gente que
trabaja y lucha, que es engañada y ultrajada. Pienso que esas dos cosas tienen
que darse: la buena literatura y el compromiso del autor.
Sebastián: ¿Como es la
experiencia de la escritura desde la migración?
Walter: Yo pienso que la
migración nos acerca a nuestros países de una forma un poco desde la lejanía,
con nostalgia, pero al mismo tiempo también con algo de realismo. Estamos incluso
mejor informados que nuestros propios compatriotas, porque al intercambiar
experiencias con escritores o personas que vienen de todo el mundo te da otra
mirada. A mí me interesa mucho también el humor en la literatura migrante,
porque hay una literatura migrante nostálgica y de lloriqueo, pero a mí me
interesa el migrante que ve con esperanza las cosas, que no solamente se pone a
sufrir. Y eso es lo que yo también he transmitido en mi literatura, en la
literatura de migración.
Me gustan los escritores como los
turcos, porque tienen esa modalidad, esa fuerza y, sobre todo, porque ellos
escriben mucho en un alemán irreverente. Me llama la atención cómo van
cambiando el lenguaje. El alemán que es acartonado, oficial, formal, ellos lo
convierten en un lenguaje que rompe con las estructuras. Eso es lo que a mí me
gusta. Incluso la creación de nuevas palabras. Por ejemplo, «anmelden» es una
palabra en alemán que significa «inscribirse o anotarse, registrarse». Sin
embargo, los latinoamericanos hemos asumido esa palabra al español. Decimos
cosas como: «¿Ya te has anmeldeado?». Eso es lo que hacen también los turcos. Un
joven escritor turco incluso ha trastocado casi todo el idioma y ganó un
concurso. Esa es la otra cosa que me gusta de la migración, esa creatividad
para jugar con el lenguaje, no solamente con el materno.
Sebastián: ¿Que consejos
podrías darles a aquellas personas que están empezando a escribir?
Walter: Yo creo que, si a
alguien le gusta escribir, tiene que leer. Tiene que leer mucho, tratando de
descifrar algunas cosas, de encontrar algo en cada lectura que hace. Leer hasta
dos o tres veces un párrafo, una página. Y leer a los clásicos, y luego
ejercitar la escritura. Tomar la escritura como un ejercicio diario. No tienes
que escribir dos o tres páginas diarias, pero sí mantenerse constante. Ir
corrigiendo. Como decía Reinoso: «Hay que corregir mucho». Yo, por ejemplo, a
veces hago hasta dos, tres versiones de cada historia que escribo. La única
forma de ya no corregir más es publicando. A los escritores jóvenes les
aconsejaría que lean, que lean mucho, y que escriban al mismo tiempo que
corrijan. Creo que esa es la clave para de alguna manera encontrar uno mismo su
propio lenguaje, su propio estilo de escritura.
Sebastián: ¿Qué libro está
leyendo actualmente y qué opina de esta lectura?
Walter: Estoy leyendo a Jorge
Malpartida Tabuchi, su libro Contra toda autoridad, excepto. He leído
recién el primer cuento y me ha sorprendido la forma como encara el lenguaje
juvenil actual. Él tiene un reloj juvenil diferente al mío, porque yo no estoy
metido en ese mundo que él conoce. Yo desconozco el mundo juvenil actual, sobre
todo peruano. Orlando Mazeyra también tiene unas cosas muy especiales en sus
libros.
* Walter Lingán (Cajamarca,
1954). Estudió Medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Universidad de Colonia. Trabajó
en el departamento de radiología de la clínica universitaria de Colonia,
Alemania. Como narrador, ha obtenido diversos reconocimientos literarios como
el tercer lugar en el Concurso El Cuento de las Mil Palabras de la revista
Caretas; el primer puesto en los Juegos Florales Josafat Roel Pineda y en el
Concurso Internacional de Cuento José María Arguedas (Francia) y en el Concurso
Literario de Cuento El Butacón (Alemania). Entre sus publicaciones se
encuentran los libros El lado oscuro de Magdalena (1996), Un pez en
el ojo de la noche (2009), Koko Shijam, el libro andante del Marañón (2014),
Un cuy entre alemanes (2015), A medianoche, en la eternidad (2020),
Mi nombre es Paronacional (2024), Niña y Stupsi, el increíble viaje
de dos cuyes a la luna (2025), El Titikaka en la mochila (2025), Por
un puñadito de sal (2026), entre otros.

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