TERESA RUIZ ROSAS: EL COLOR DE LOS HECHOS
TERESA RUIZ ROSAS: EL
COLOR DE LOS HECHOS.
NARRATIVA BREVE (1986-2016)
REGIÓN: LIMA
AÑO DE PUBLICACIÓN:
2025
VALORACIÓN: (3.5/5)
EDITORIAL: BIBLIOTECA
ABRAHAM VALDELOMAR
Jorge
Cornejo Polar comentó lo siguiente sobre uno de los cuentos más emblemáticos de
Teresa Ruiz Rosas: «Ejemplar en su
diseño, en su realización, en su estilo, con una admirable austeridad de
medios, Detrás de la Calle Toledo es
una acabada muestra de maestría en el arte de la narración breve»[1].
Ante dichas afirmaciones, hay poco que refutar, dada su constante aparición en
múltiples antologías del medio peruano[2].
Indudablemente, este acierto le valió reconocimiento internacional[3],
pero no se puede decir lo mismo de gran parte de sus relatos cortos. En otras
palabras, los cuentos de Teresa Ruiz Rosas tienen virtudes narrativas que todavía
falta reconocer pese a las lecturas que han tenido hasta el momento[4].
Asimismo, la recopilación de El color de
los hechos toma suma importancia, ya que pone a nuestra disposición toda la
trayectoria de la escritora arequipeña en este tipo de narraciones. Dieciséis
piezas la integran, mas solo conviene aludir a cuatro prioritarias del
repertorio.
«Detrás de la Calle Toledo» puede ser un
título que nos fatiga y acosa si nos preguntamos qué cuentos ha producido la
escritora. Sin embargo, y pese al cansancio de retornar a sus pasajes, su
composición es impecable. La resaca de encontrarlo en todas partes no es
suficiente para arrebatarle su lugar en la cúspide del cuento arequipeño y, por
supuesto, el peruano. La historia de un asesinato pasional entre las paredes
patrimoniales y turísticas de la Ciudad blanca desborda originalidad tanto por
el perfil psíquico de la narradora como por la magnitud del suspenso que
transmite conforme recorremos su pasado miserable, su amorío falaz y la
estratagema para aniquilar a su indeseable víctima. Además, los riesgos que
toma no resultan ser varios, pues sigue una estructura básica, con sus precisas
pausas y retrospecciones, cuyo desempeño evita los elementos convencionales que
suelen surgir en las escenas de un crimen semejante. Aquí no hay armas de fuego,
armas blancas o veneno; en su lugar, está la macabra idea de encerrar a la
presa sin derramar una sola gota de sangre.
«La sal de la tierra» se ganó el
reconocimiento de la Fundación Mondadori para representar al Perú en The novel
of the world, expo Milán 2015. Y con justa razón, puesto que se debate entre la
introspección de la viajera acompañada de su pequeño hijo y la violencia
política que la circunda en un tren encaminado hacia Cusco. El pavor de exponerse
a las huestes de Sendero Luminoso y los perfiles del niño y los otros pasajeros
crean un instante crítico que nos mantiene pegados al devenir del clímax. Así,
resulta interesante cómo se introduce la pacificación a través del kankacho,
aquel alimento de paso que pone en igualdad de condiciones a todos los pasajeros.
Las reacciones descritas en los personajes y las reflexiones sobre la igualdad
con base en este alimento fluyen con verosimilitud. Nuevamente, la composición
es elemental, pero la coordinación de las acciones en un espacio limitado y la
elaboración de la consciencia protagónica elevan y reducen con pertinencia el
vértigo que padece una madre al ver en riesgo la vida propia y la de su retoño.
Del mismo modo, el toque original se encuentra en el símbolo gastronómico, en el
platillo del territorio nacional como signo de concordia.
«Dios te salve», más bien, cede a un tema
frecuente en el realismo peruano, mas se somete a la experimentación formal. En
efecto, esto ya fue observado por Jean Paul Espinoza, pues el punto de fuga de
la narración desaparece entre los diálogos de la anciana que mangonea a su
sirviente indio, mientras se oye recitar el Santo rosario de fondo. Estamos
ante una denuncia social de implicancias racionales, cuyos referentes marcan la
jerarquía de los estatus. La relación entre el abuso y el credo se da por la
ironía de oír un rezo en los adentros domésticos que invierte la caridad santa volviéndola
en vanagloria clasista; por tanto, la perversión del credo viene dada por los
excesos de dicha superioridad social. A su vez, la pérdida del narrador incita
a continuar con el relato para descifrar lo ocurrido. La semejanza con una de
las escenas de Blanca sol (1889) de
Mercedes Cabello de Carbonera[5]
podrían restarle singularidad, pero retomar formas desusadas de manera
impredecible es una estrategia más que válida para movernos del lugar común; en
especial si a nadie más se le ha ocurrido contemporáneamente.
«Reconstrucción de Belén», volviendo al
estilo clásico, alinea los pasajes de una relación entre hermanas que se torna trágica
y emotiva. Un accidente en las calles de la ciudad y una influencia negativa en
casa son el detonante de una pérdida, una que la narradora reconstruye al tomar
conciencia del lamento que agrava la vida de Tarsila, hermana de Belén. Sin
recurrir a escenas explícitas ni grotescas para nombrar el desastroso
accidente, sin retratar una imagen exageradamente mórbida de la adicción que desarrolla
una de las hermanas, Ruiz Rosas nos remite a un drama familiar con un tono
moderado que rodea los hechos terribles para dejarnos conectar con la
desolación fraterna. Ciertas expresiones en la narración podrían considerarse
eufemísticas, incluso diríase que le restan emoción a los sucesos, pero esto no
cala tanta como para olvidar que la agonía central vive en un mundo privado,
íntimo, cuya delicadeza impele a la narradora a evadir el morbo desproporcionado,
mantener la compostura y darle forma a un trauma que se le mostraba ajeno en
principio.
He de reconocer que cuentos como «El color
de los hechos» y «El café preferido de monsieur Dürrenmatt» han tenido más
atención de la habitual, y que la crítica tiene razones para rescatarlos. Si
fuese el caso de armar un estado del arte sobre la recepción de los relatos,
naturalmente, su ausencia podría verse arbitraria. Sin embargo, no termino de
coincidir con los juicios en su grado de relevancia. Así también, cabría
considerar «Jazmines en el pelo», «Ensayo general», «Los amantes del desván» y
«El retrato te ha deslumbrado». El primer relato se ve motivado por la
nostalgia del migrante, el segundo por la epifanía desencantadora de la
experiencia materna y los dos últimos expresan la jocosidad que ha interpelado
la obra de la autora en más de una ocasión: de un lado está una anécdota de la
infancia y, del otro, un compromiso matrimonial bastante impulsivo. Como suele
pasar en una colección de escritos, unos se muestran superiores a otros por
contraste, mas esto no acusa necesariamente una diferencia abismal entre ellos;
no en todos los casos. De manera que la discusión continúa abierta hasta que la
obra demande el consenso que le sea posible.
Ciertos cuentos declinan un tanto por su
imprecisión descriptiva. A saber, en «La cantidad significativa de tiempo» la
escena más atronadora es el accidente que produce la enloquecida protagonista.
Sale disparada hacia un ascensor de cristal al creer percibir la figura de su
amado, luego pasa lo siguiente:
El
ascensor irrompible me hizo rebotar […] y perdí el conocimiento […] Pero no
contó con que al caerme se me atraque el pie y se me escape la alpargata blanca
y Theo Maes esté saliendo del ascensor en el piso de abajo y la reconozca […]
sujetas un pie, un tobillo, ¿mi tobillito? […] y entonces ya el mecanismo del
destino sea un lío tal que tú también te desplomes, caigas de bruces, pero tus
pies, qué pasa, se queden enganchados dentro de la urna cristalina […] sufran
el impacto de aquellas puertas límpidas (p. 277-278).
Forzosamente, podemos imaginar que la
narradora terminó noqueada por el impacto y perdió su calzado al atascársele el
pie. Por desconocidos motivos, la alpargata llegó abajo para que Theo Maes se
dé cuenta de la situación y suba a rescatarla. ¿Recatarla de qué exactamente?
¿De caer porque el vidrio estaba roto? ¿De perder el pie atascado? Esta laguna
deja en desmedro el fascinante monólogo que venía desarrollándose. Además,
tampoco sabemos cómo se da el desplome del amado, no tenemos una secuencia
clara de cómo se le atascan los pies en el ascensor. El acontecimiento resulta
enrevesado y oscuro, por lo que reduce mucho el impacto de la tensión creada
hasta entonces.
Cabe mencionar también otro tipo de
defectos, como el cierre de «Coreografía de Tetuán», la nouvelle incluida en el conjunto. La trama avanza por una joven
protagonista que decide visitar Marruecos con su novio; hacia el final de la
historia, decide irse de modo inadvertido, pero este acontecimiento termina en
elipsis y nos impide notar cuál es la nueva perspectiva que ella tiene después
de pasar por toda esa travesía. En su lugar, solo vemos el lamento del marroquí
enamorado que le había propuesto matrimonio. Pese a esta falencia, el resto de
«Coreografía de Tetuán» no se ve desvirtuada por completo; sin mencionar que
Ruiz Rosas volvió a editarla, probablemente con cambios o retoques, gracias al
Instituto de Estudios Ceutíes bajo el título de Calle Tetuán (2020).
Advirtamos que la escritora acostumbra
reformar su obra si tiene la potestad. Así lo cree y lo demuestra al alterar
detalles de los cuentos reunidos en El
color de los hechos que los distinguen de sus primeras ediciones. Satisfactorio para el escritor, fatigoso para
los críticos. No así, la calidad es innegable; Teresa Ruiz Rosas posee relatos
breves que merecen revisitarse; la arequipeña ha triunfado por su escritura
novelística, pero muchas veces el acto de novelar reclama ejercicios de menor
extensión, ejercicios que en varias ocasiones superan lo superfluo y se aseguran
un lugar en el canon de la narrativa local, nacional e internacional.
Edward Álvarez Yucra
BIBLIOGRAFÍA
Cabrera, J.
(24 de agosto de 2019). “Teresa Ruiz Rosas: mujeres que batallan”. Perú 21: https://peru21.pe/cultura/teresa-ruiz-rosas-mujeres-batallan-413057-noticia/
Casa de la Literatura Peruana.
(2018). “Presentación del libro: 'El
color de los hechos' de Teresa Ruiz Rosas” [Archivo de video]. Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=Xok8cplqp2Y
Espinoza, J.
P. (2020). “Libro de la
semana: Narrativa breve de Teresa Ruiz Rosas”. Casa de la Literatura Peruana: http://www.casadelaliteratura.gob.pe/libro-la-semana-color-los-hechos-narrativa-breve-1986-2016/
Ruiz
Rosas, T. (2001). «Detrás de la Calle Toledo». En: R. González Vigil (ed.). El cuento peruano 1990-2000 [pp.
607-621]. Lima: Ediciones Copé.
Ruiz Rosas, T. (2010). «Detrás de la Calle
Toledo». En: C. Delgado Díaz del Olmo (ed.). Antología del cuento arequipeño [pp. 151-166]. Arequipa: Gobierno
Regional de Arequipa/ Tuturuto Editores.
Ruiz Rosas, T. (2012). «Detrás de la Calle
Toledo». En: J. Córdova (ed.). 17 cuentos
peruanos desde Arequipa.
Arequipa: Gobierno Regional de Arequipa.
Ruiz Rosas, T.
(2016). «Detrás de la Calle Toledo». En: J. Donayre (ed.). ¡Arriba las manos! Colección de relatos policiales en el Perú [pp.
319-339]. Lima: Altazor.
Ruiz Rosas, T.
(2016). «Detrás de la Calle Toledo». En: J. Yufra (ed.). Ajuste de cuentos [pp. 35-56]. Arequipa: Aletheya.
Ruiz Rosas, T.
(2016). «Detrás de la Calle Toledo». En: W. Díaz (ed.). 20 Cuentos arequipeños [pp. 187-203]. Arequipa: S/E.
[1]
Así lo registra el comentario en la cubierta que acompaña la presente edición
de El color de los hechos. Narrativa
breve (1986-2016).
[2]
Revisar: 1) Ruiz Rosas, T.
(2001). «Detrás de la Calle Toledo». En: R. González Vigil (ed.). El cuento peruano 1990-2000 [pp.
607-621]. Lima: Ediciones Copé. 2) Ruiz Rosas, T. (2010). «Detrás de la Calle
Toledo». En: C. Delgado Díaz del Olmo (ed.). Antología del cuento arequipeño [pp. 151-166]. Arequipa: Gobierno
Regional de Arequipa/ Tuturuto Editores. 3) Ruiz Rosas, T. (2012). «Detrás de
la Calle Toledo». En: J. Córdova (ed.). 17
cuentos peruanos desde Arequipa. Arequipa: Gobierno Regional de Arequipa.
4) Ruiz Rosas, T. (2016). «Detrás de la Calle Toledo». En: J. Donayre (ed.). ¡Arriba las manos! Colección de relatos
policiales en el Perú [pp. 319-339]. Lima: Altazor. 5) Ruiz Rosas, T.
(2016). «Detrás de la Calle Toledo». En: J. Yufra (ed.). Ajuste de cuentos [pp. 35-56]. Arequipa: Aletheya.6) Ruiz Rosas, T.
(2016). «Detrás de la Calle Toledo». En: W. Díaz (ed.). 20 Cuentos arequipeños [pp. 187-203]. Arequipa: S/E.
[3] Para
ser concretos: el Premio del Instituto Cervantes del Concurso Internacional de
Cuentos Juan Rulfo de Radio France International, París, 1999.
[4] Entre
ellas, cabe reconocer en los medios periodísticos y digitales las de Gabriel
Luis Ortega (Casa de la Literatura Peruana, 2018), Jaime Cabrera (2019) y Jean
Paul Espinoza (2020).
[5]
El dato sobre este parecido me vino dado por una comunicación personal, por
un lado, con Silvia Alejandra Postigo Segovia y, por otro, con la académica
Elena Grau.


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