ENTREVISTA A ZEIN ZORRILLA
ZEIN ZORRILLA: «DE LO QUE SOY CONSCIENTE ES QUE LA ALFORJA DE CADA ESCRITOR HA SIDO EQUIPADA CON POCAS TRAMAS. SI ESCRIBE MUCHO, EL ESCRITOR SE COMIENZA A REPETIR. PASA CON CHEJOV. SUS CIENTOS DE CUENTOS ABORDAN UNA Y OTRA VEZ UNA DOCENA DE TRAMAS, Y ES MUCHO TODAVÍA. CON RIBEYRO PASA LO MISMO. Y LO MISMO CON VALDELOMAR»
Zein Zorrilla* es uno de los escritores peruanos más relevantes del siglo XX y XXI, con libros de cuentos, novelas y ensayos que retratan con fidelidad y mirada crítica aspectos conflictivos del país. Debido a la reedición de sus novelas más emblemáticas por la editorial Lluvia Editores y de su saga de libros ensayísticos, El Hacedor conversó con él.
A propósito de la reedición de su novela Dos
más por Charly (Lluvia Editores, 2024), ¿considera que los temas y las
problemáticas nacionales que la obra aborda siguen siendo igual de vigentes e
insistentes en nuestra realidad? ¿Qué lo motivó a reeditar esta novela?
Creo que el desencuentro generacional se
produce en las diversas etapas de la historia peruana y en diverso grado. Mundo
rural y mundo urbano. Padres e hijos en diversos mundos. La migración propicia
aún más esos conflictos. Me han contado de casos como el de Charly que
acontecen en familias donde padres e hijos residen en Lima.
La reedición fue iniciativa del editor. Es
más, creo que varias ediciones en otra editorial se agotaron. La novela tiene
sus lectores.
Su camino por la literatura y la publicación
de cuentos y novelas inicia el siglo pasado y se mantiene constante hasta la
actualidad, ¿siente que ya ha dicho todo en sus obras? ¿O hay alguna temática
que le gustaría explorar en la ficción?
Pareciera que sí, que se ha dicho todo lo que
quería decir. Si ustedes me lo preguntan es que probablemente también lo
perciben así. No es algo que me preocupe. En todo caso los temas de mi
preocupación se prestan a ser abordados en el ensayo. Pero nunca se sabe, tal
vez en algún momento desarrolle algo.
De lo que soy consciente es que la alforja de
cada escritor ha sido equipada con pocas tramas. Si escribe mucho, el escritor se
comienza a repetir. Pasa con Chejov. Sus cientos de cuentos abordan una y otra
vez una docena de tramas, y es mucho todavía. Con Ribeyro pasa lo mismo. Y lo
mismo con Valdelomar.
La escritura de obras de ficción requiere de
cierta inocencia, de creer que uno descubre algo. Cuando usted conoce los
elementos de la ficción, lee con menos inocencia a los cuentistas, y esa
pérdida de inocencia resta entusiasmo. «Ya sé cómo se arman los muñecos» dice
el escritor y mira a otro lado.
Coméntenos un poco sobre su formación
literaria, ¿recuerda cómo empezó su vocación? Tal vez con un libro, una persona
o un evento en especial.
Empecé muy niño, leyendo Las mil y una
noches de la editorial TOR. Imagino que eso me marcó. Ya adolescente
descubrí a Mark Twain, y a los grandes rusos Tolstoy, Dostoievsky y Chejov.
Entrando a la juventud a los norteamericanos Hemingway, Faulkner, Steinbeck,
Dos Pasos, Melville. La lectura de Gertrude Stein, los poetas Ezra Pound y T.S.
Eliot fue crucial. Descubrí que la literatura no consistía en narrar
experiencias, sino de construir artefactos. Y la tarea me encantó. Yo estudiaba
ingeniería, y por ahí me fui. Ya estaba intentando armar cuentos.
¿Cuáles son sus referentes literarios? Autores
de cabecera o aquellos a los que recurre cuando necesita inspiración para
iniciar un nuevo proyecto narrativo.
Los autores de cabecera cambian con la edad.
Alguna vez lo fue Hemingway, en otro tiempo lo fue Joseph Conrad. Ahora lo es
Thomas Mann de quien finalmente leí sus soberbias Montaña Mágica y Doktor
Faustus. Un autor de cabecera lo hubieran sido en otro momento Giuseppi
Tomasi di Lampedusa y Scott Fitzgerald. Pero los conocí cuando la inocencia era
un recuerdo. Ahora releo a Stendhal, Rojo y Negro y Cartuja de Parma, todo
lo que puedo de Jane Austen y William M. Thackeray con su Barry Lyndon.
Últimamente ando empantanado con los cronistas
de la Conquista, Miguel de Estete, Pedro Cieza de León y Sarmiento de Gamboa.
Todo para llegar a las ordenanzas del virrey Francisco de Toledo quien
establece el estado español que persiste a lo largo de la Colonia, sobrevive a
la Independencia y dura hasta hoy. Espero que alguna pasión literaria ilumine
el horizonte y me encarrile a las buenas lecturas. James Joyce, tal vez, o
quien sabe si la correspondencia de Gustave Flaubert que abandoné finalizado el
primer tomo de La Pleyade.
¿Tiene otros referentes artísticos que nos
pueda mencionar? En cine, música, pintura, teatro…
En Pintura, Brueghel, Velásquez y Goya por su
manejo de los elementos de su arte y el modo cómo trascienden el naturalismo.
En música, los músicos populares del Ande del sur, Trío Amanecer de
Huancavelica, la música del Santiago, los carnavales de Andahuaylas, Cotabambas
y Abancay, las danzas del Cuzco, la música de todo el altiplano, por supuesto
que Los Dávalos. He pasado muchas noches de mi vida extasiado con el Carmina
Burana de Carl Orff, con las sinfonías de Beethoven cuando ya Beethoven estaba
pasado de moda, con Mozart que nunca pasa y la guitarra de Narciso Yépez y las
composiciones de Joaquín Rodrigo.
El cine es un capítulo aparte. Ingmar Bergman
y Akira Kurosawa cuyas obras especté guion en mano, estudiando sus escenas y sus
transiciones entre ellas. Maravillado de que la literatura disponga de las
secuelas para comprimir el tiempo a la escala deseada, mecanismo que pocos
escritores utilizan en su plenitud. Y Woody Allen y Federico Fellini. Hubo años
en que leía, escribía y veía películas a costa de reducir mis horas de sueño a
4 horas por día. No lo haré más. Ahora viajo, bebo dos copas de vino y trato de
reencontrarme con el tabaco.
Su figura en el panorama literario nacional es
importante y prestigiosa; sin embargo, en algunas ciudades o librerías es
difícil encontrar su obra narrativa. En ese sentido, ¿cómo ha sido su
experiencia publicando sus libros? ¿Qué sensaciones o impresiones le deja el
mundo editorial peruano o independiente?
Al respecto agradezco a Lluvia Editores de
Esteban Quiroz, que hace lo que puede y gracias a él mis libros llegar al público
lector de los Andes. Del «mundo editorial» no habría más que decir. Hacen con
sus amigos lo mismo que Esteban Quiroz, editar, distribuir y alentar. Carecemos
de un gran mundo editor porque carecemos de su equivalente lector.
En los últimos años ha venido publicando una
serie de libro ensayísticos con el título de El mestizo de los Andes y su
destino. ¿Qué convicciones personales y colectivas lo llevaron a emprender la
escritura de estos libros? ¿Era un proyecto que se había planteado desde los
inicios de su carrera intelectual?
Pues no fue desde el comienzo. Fue a media
carrera que descubrí estar escribiendo sobre unos personajes y una problemática
que no eran indígenas, a los que Lima se empeñaba en calificar de indígenas.
¿Entonces que son? Era mi mundo, los Andes huancavelicanos, los pequeños
pueblos y villorrios poblados de personajes que no eran hispanos, ni indígenas.
¿Qué entonces? Comencé a realizarle el seguimiento al fenómeno dentro del écran
de la historia peruana, de ese modo fue tomando forma lo que un amigo bautizo
como la saga del mestizo. En los años del covid, editor y autor temimos que la
desgracia fuera a borrarnos del mapa y decidimos publicar el libro por pasajes
históricos con el rol desempeñado por el mestizo.
¿Podría comentarnos qué nuevas reflexiones o hallazgos
importantes ha obtenido después de haber investigado y escrito esta serie de
libros ensayísticos?
Tal vez el hallazgo más importante sea la
conciencia de la necesidad del conocimiento de la Historia, entendida como
conocimiento de la geografía, con su diversidad, donde florecen los hombres con
culturas que a la postre forman tradiciones y sus idiomas que los terminan por
diferenciar. Usos, costumbres, vestimentas, comidas, idiosincrasias, en una
palabra: naciones. No se entenderán los problemas del Perú si no se reconocen
esas particularidades y se diseñan sistemas de gobierno para ese archipiélago
de naciones, respetando sus diferencias. Ello deberá surgir desde abajo, desde
cada pueblo y villorrio, obra de sus elites, sus clases medias y su plebe. El
Perú no tiene otra salida. Deshacer la obra del virrey Toledo que fundo una
Republica de indios y una República de españoles, que de Republicas solo tenían
el nombre. No generaban leyes, ni gobernantes, desconocían cómo generarlas.
Solo esperaban ordenes de fuera. Esa incapacidad la hemos heredado y esa
oscuridad la padecemos hoy.
¿Cuál es el rol que usted considera que tienen
las artes en nuestra sociedad?
Creo que las artes populares no tienen ese
problema, ni se plantean la pregunta. Actúan de reservorios de la identidad.
Las clases medias no están generando un arte que sea expresión de sus
inquietudes porque las inquietudes son todavía para ellas hoy acumular riquezas
y presumirlas. Creo que se quemarán esas etapas y de sus cenizas surgirán los artistas
y pensadores del conglomerado nacional.
¿Qué opina del panorama literario peruano
actual? ¿Hay algún autor o autora que le entusiasme?
Hay talento, pero de mecha corta. Tuve muchas
ilusiones con respecto a la gente de mi generación que aún no es valorada a
cabalidad. Hay cusqueños de valor, huanuqueños ídem, algún poeta ayacuchano y
otro jaujino. Del resto no se más. Debe haber otros, dolorosamente sepultados
por el olvido. De los menores de 50 años no opino. Tienen las bibliotecas del
mundo en el celular, dependerá de las metas que se propongan las alturas que
alcanzarán.
¿Qué consejo le puedes dar a los jóvenes
autores que se acercan al oficio de la escritura?
Enraizarse con firmeza en sus tradiciones
populares, canciones, danzas, habla popular, pero a la vez volar a la altura de
Homero y Shakespeare y Tolstoi. Sin lo primero, te carga el primer ventarrón y
te suelta en algún basural, sin lo segundo, te arriesgas a que te sepulte la
primera polvareda.
¿Qué se encuentra leyendo actualmente? ¿Qué
opina de dicha lectura?
De campesinos a franceses de Eugen Weber,
publicado el 2023. Los esfuerzos del estado francés post Napoleón III por
homogenizar a las mil y una naciones desperdigadas en el territorio hoy francés
y construir una sola nación. El mismo problema que tenemos, que no vemos, ni
creo que alcanzaré a ver.
Finalmente, ¿nos podría recomendar tres libros
peruanos? Tal vez en novela, cuento y poesía.
Contranatura, Rodolfo Hinostroza; Nahuin, Eleodoro
Vargas Vicuña y Los ríos profundos, José María Arguedas.
*Zein Zorrilla (Huancavelica, 1951) empieza a
publicar ficción en los años setenta. Su mundo lo constituyen los Andes
peruanos en plena transformación social, la galopante andinización de las
ciudades de la costa y el impacto de esos cambios en el Perú contemporáneo. El
estilo de sus obras aspira a la transparencia del lenguaje y a su mimesis con
la materia narrada; característica que permite el lucimiento de las historias
de las que se sirve para suscitar experiencias emocionales.
Publicó su primera colección de cuentos, ¡Oh
generación! (1988), bajo la influencia de Chejov y Hemingway. Años
después, vio la luz Dos más por Charly (novela, 1996), un
intento por rescatar para la ficción la agitada atmósfera de los años setenta
en la visión de los esperanzados provincianos que habían comenzado la conquista
de Lima, antigua ciudad de comendadores y virreyes.
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