ENTREVISTA A UGO VELAZCO FLORES
UGO VELAZCO FLORES: «ESCRIBIR NO ES NATURAL, SOLO ESCRIBEN QUIENES ESTÁN ROTOS, LOS QUE HAN PERDIDO TODA ESPERANZA»
Ugo Velazco Flores (Huancayo, 1986) es poeta, cuentista, novelista, crítico literario y promotor cultural. Su obra ha recibido múltiples premios a nivel nacional e internacional, y sus cuentos pueden ubicarse entre lo mejor que la narrativa peruana tiene en pleno siglo XXI. En esta oportunidad, debido a la obtención de la última edición del premio José Watanabe Varas en la categoría cuento de la Asociación Peruano Japonesa, El Hacedor conversó con él sobre sus intereses y formación.
En el año 2025 salió publicado
su libro de cuentos Precisamente como los elefantes bajo el auspicio del
premio José Watanabe Varas de cuento. ¿Podría comentarnos más sobre el proceso
de escritura de este texto y si el galardón ha significado algún cambio
importante en su carrera literaria?
El libro en mención se tituló originalmente Libro del mal vivir, mi sexto libro de cuentos. Se trata de una exploración por la dimensión irracional del hombre, su bestialidad que aflora en ciertas circunstancias. No recuerdo el momento en que empecé a escribir el cuentario, ya que por lo general los relatos van acopiándose. Luego descubro que, espontáneamente, siguen una línea temática, un concepto, un tono; en este caso, la animalidad fue el tópico transversal. Y, si bien es cierto, los premios acarrean cierto prestigio, amistades y seguidores (antes lectores), en mi caso significó lo contrario. Al día siguiente del recibir el premio, mi lista de contactos en mis redes disminuyó. Algunos escritores o aspirantes a ello que en otro momento fueron amigos míos de pronto me bloquearon o simplemente me eliminaron. Más allá de ello, en mi región, el premio no tuvo más resonancia que alguno que otro post, pero el silencio de los medios de comunicación, críticos o activistas culturales miraron hacia otro lado, incluso cuando ese mismo año fui uno de los ganadores del Copé de cuento. No obstante, personalmente, el Watanabe me reafirmó en mi estética, en mi compromiso ético con la escritura, me animó a terminar una novela y empezar otra que incluso ahora sigo trabajando. Los premios, al margen del aprecio o menosprecio de los demás, significa un compromiso de superación con uno mismo.
En muchos de sus relatos se
pueden apreciar personajes migrantes que sobrellevan con una fuerte herencia
oriental en sus acciones, pensamientos y caracterizaciones, ¿hay motivos que
usted pueda identificar que lo han llevado a retratar la presencia japonesa y
su asentamiento en el territorio peruano?
En efecto, quienes fuimos
infantes en los primeros años de los 90 estuvimos influenciados por la cultura
oriental, recuerda los programas de Tv que el gobierno de Fujimori impuso en el
canal del Estado. A ello se suma la presencia japonesa y china que por esos
años se afianzó en mi ciudad. Pero sería injusto creer que el tema oriental
define mi obra cuentística; es más, solo un libro, titulado El camino de las
flores (2023), lo he dedicado a la cultura japonesa en Huancayo, mis cinco libros de
relatos restantes, mis poemarios y mis dos novelas hablan de otros temas de
raigambre huancaína, andina, peruana.
¿Cuáles son sus referentes
literarios? Es decir, aquellas lecturas a las que regresa siempre o que
considera que han alimentado e influido en su escritura.
Pienso que todo escritor volverá
a sus primeras lecturas, las que partieron en dos sus vidas y sembraron el
germen de la escritura. Las demás lecturas son momentáneas, circunstanciales.
Si es así, yo vuelvo siempre a poetas como Martín Adán, Vallejo, Neruda,
Huidobro, Paz, Withman, Alberti, Li Bo… O al imprescindible Ribeyro, Vargas
Llosa, Alegría, Gutiérrez, Vargas Vicuña, Rulfo, García Márquez, Hemingway,
Faulkner, Borges… Todos ellos, lecturas de adolescencia que complementé con una
variada biblioteca de filosofía que me procuró la soledad y, sobre todo, el
silencio.
¿También recibe inspiración o
influencia de otros ámbitos artísticos como el cine, el teatro, la música o la
pintura?
Definitivamente. Seguí un curso
de escritura de guion cinematográfico con el propósito de nutrir mi escritura
literaria. En cuanto a la música, más bien vinculada a lo poético, fue una
obsesión en mis primeros libros y, creo, en mis mejores líneas narrativas.
Recuerdo que en cierta ocasión estudié violín en una escuela con el único
objeto de conocer más a un personaje en que venía trabajando. Lo que quiero
decir es que uno debe apasionarse con los personajes que crea para conocerlos a
profundidad, vivir en ellos, experimentar hasta donde sea posible los mismos
dramas que les imponemos.
Usted ha incursionado en
distintos géneros literarios, como la poesía, el cuento y últimamente la
novela. ¿Cómo es su proceso de escritura? ¿Qué dificultades encuentra al
momento de emprender un nuevo proyecto literario?
La narrativa me enseñó a ser
disciplinado y constante. Esto implica sacrificar algunas actividades
personales o familiares para no perder el ritmo: el horario de escritura es
sagrado, no negociable. No me ocurre así con la poesía, pues ella crece y
madura a su ritmo hasta que pide ser escrita. No hay prisa. La poesía es una
experiencia íntima, incluso publicarla no es una necesidad de primer orden; en
ese sentido, la narrativa tiene pretensiones más comerciales. No es mi caso,
desde luego, escribo, como la poesía, siempre pensando mi propia satisfacción,
lo que no me garantiza que haya un público ansioso por leerme. No me preocupa.
No deseo. El deseo es origen del sufrimiento, dicen los budistas.
¿Qué momentos recuerda como
determinantes en su formación como escritor? ¿Hubo alguna persona o evento que
lo marcó literariamente?
Una biblioteca. La biblioteca
escolar para ser preciso. Un lugar oscuro y frío en el sótano de mi colegio,
obviamente solitario. Ser el único interesado en leer tuvo sus privilegios. La
bibliotecaria me dejaba pasear entre anaqueles, coger los libros que quisiera y
llevármelos a casa sin la obligación de devolverlos. En todo caso, llegué a la
biblioteca porque ya, en aquel entonces, me interesaban los libros de un modo
misterioso, esto debido a mis primeras lecturas en la infancia, libros como Las
mil y una noches o La vuelta al mundo en 80 días que mi padre atesoraba en una
pequeña repisa. Pero no todo fue literatura, la biblioteca escolar y familiar
contenía libros de política y filosofía que me nutrieron desde siempre. En
consecuencia, mi participación en grupos políticos fue definiendo mi postura en
el arte y en la vida. Uno de los momentos más memorables que me motivó a seguir
(perseguir es la palabra) el camino de la poesía sucedió cuando conocí en Lima a
dos poetas que había leído con mucho esmero: Enrique Verástegui y Antonio
Cisneros. Más tarde hice amistad con poetas más actuales como Johnny Barbieri o
Leoncio Luque y en lugar de apartarme de la poesía por escribir narrativa, como
suele pasar, pienso que sigo persiguiéndola en cada cuento o novela que
escribo. Quizá nunca la alcance, pero de eso se trata escribir.
Además de escritor, ha
dedicado parte de su vida a dirigir talleres de escritura, ¿cree que es posible
aprender a escribir? ¿Qué aprendizajes sobre el arte de la escritura le han
dejado esta experiencia?
Muy a mi pesar dirigí algunos
talleres por amistad o el entusiasmo de algunos interesados que creyeron que yo
podía enseñarles algo. Uno de los talleres más memorables que dirigí fue el que
dicté junto a Sandro Bossio, buen amigo que ya no está con nosotros. Su
carisma, sumado a la experticia en el arte del cuento, hizo de aquel taller
todo un éxito. Particularmente pienso que es posible enseñar a escribir; no
obstante, el talento es algo que no se consigue en un taller. Considero que hay
quienes están mejor dotados que otros para escribir historias originales,
cuentos, novelas o poemas que refrescan la literatura. Si alguno de ellos tiene
la oportunidad de llegar a un taller, sus posibilidades se multiplican, aunque,
desde luego, fuera de un taller podría irle mucho mejor. Solo una vez asistí a
un taller de escritura, el año pasado, por pura casualidad. Lo que aprendí
luego de un par de meses fue esto: todo está en contra del escritor y, pese a
ello, si en verdad quiere ser escritor, debe ir contra la corriente y no
claudicar nunca.
¿Qué opina de la narrativa
peruana actual? ¿Hay autores u obras que le entusiasmen?
Por ahora todo es irrelevante, la
ilusión del éxito de algunos libros se debe a la publicidad editorial (casi
siempre engañosa) y sus excelentes relaciones sociales. Hablo de mi generación
y alrededores. No veo nada valioso en el panorama.
Con tantos años de experiencia en el medio cultural y literario peruano, ¿qué problemas o factores considera que son dañinos para este? ¿Ha visto alguna mejoría desde que inició su carrera literaria?
El panorama no ha cambiado
sustancialmente respecto de hace veinte años atrás: los mismos males que
ensucian la política son identificables en la literatura y la cultura en
general. La crítica sigue cumpliendo su rol pontificador a favor de argollas y
mafias. Los recuentos de fin de año tergiversan el panorama literario peruano. El
Ministerio de Cultura es tan inútil como el Congreso. En medio de ese miasma
surgen heroicamente editoriales independientes, activistas, escritores
contracorriente que son ninguneados, acallados, perseguidos. Los nuevos se
alinean con las tendencias, con las modas, para recibir el favor del Estado.
Nada ha cambiado. Quizá hoy hay más dinero que antes, pero los ladrones han surgido
en esa misma proporción y se han hecho más profesionales.
¿Qué consejos le daría a
quienes están interesados en dedicarse al oficio de la escritura?
No deberían esperar nada, sino su propia satisfacción. Escribir no es natural, solo escriben quienes están rotos, los que han perdido toda esperanza.
¿Cuál es el rol que usted
considera que tienen las artes en esta sociedad?
Humanizar. Demostrar que el hombre es todavía un ser inalcanzable por la máquina y otros artificios tecnológicos.
¿Qué se encuentra leyendo
actualmente y qué opina de esta lectura?
Leo varios libros a la vez. Releo
mucho. Ahora estoy con, un ensayo sobre poesía: Forma y poesía moderna
de Herber Read. Una compilación de teorías contemporáneas del arte dirigida
coordinada por Leopoldo la Rubia de Prado. Leo Cuadernos de una juventud al
desnudo del magnífico Billy Childish. Leo a Umberto Eco, El nombre de la
Rosa. Leo un clásico del estilo, de Albalat. He adquirido tres ediciones de
Aullido de Ginsberg, como homenaje personal a los cien años de su
nacimiento.
*Ugo Velazco Flores (Huancayo, 1986) Poeta, narrador, psicólogo y docente de profesión, es una de las voces literarias más prolíficas y destacadas de su generación en la región central del Perú. Siguió estudios de licenciatura en Pedagogía y Humanidades en la Universidad Nacional del Centro del Perú (UNCP), tiene un máster en Literatura española e hispanoamericana por la Universidad de Barcelona. Además, ha ejercido la promoción cultural como director de la Editorial Nictálope, enfocada en la difusión de la literatura regional y autores jóvenes. Ha sido ganador del concurso internacional de cuento VII Premio Literarios Narrativas Oblicuas, España (2013); el Cuento de las Mil Palabras de la revista Caretas, Perú (2018); el Premio José Watanabe Varas, Perú (2024). En 2018 fue reconocido por el Congreso de la República del Perú por su trayectoria literaria y su aporte a la cultura, y la Municipalidad.


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